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Tres ideas iniciáticas básicas

Iniciación a los ritos mistéricos

Uno de los aspectos de las culturas antiguas que más interés despierta es el de los ritos mistéricos asociados a las religiones que se practicaban, ritos a los que se supone relacionados con un tipo de conocimiento secreto o esotérico, solo proporcionado a los que se sometían a las ceremonias de iniciación.

La iniciación, según la entendemos hoy en día aplicada a las escuelas mistéricas que aún existen, que en lenguaje actual se llamarían llanamente «sociedades secretas», no es más que la traslación a este campo de los ancestrales ritos de iniciación, o ritos de paso de los jóvenes de la tribu a la edad adulta, que se daban en edades anteriores de la humanidadi.

Lo curioso es que los detalles relativos a aquellos cultos mistéricos de antaño han hecho honor a su nombre y han conservado su carácter misterioso con el paso de los siglos, de modo que es francamente poco lo que se sabe de sus ritos y menos aún de aquel supuesto conocimiento en ellos transmitidos. No se puede descartar que ese conocimiento secreto fuera genuino y que incluso hoy todavía pudiera ser interesante aprenderlo, si bien…, si bien tampoco se puede descartar que se tratase de misterios del tipo de los que aún se meditan en el rezo del Rosario Católicoii, o el misterio de la Santísima Trinidadiii. En estos casos no estamos hablando de la transmisión de un conocimiento secreto accesible a las facultades racionales, sino de la transmisión de doctrinas que la razón no entiende y que han de aceptarse por la fe. Y al decir esto no pretendo yo desacreditar la religión católica. Al contrario. Se supone que los misterios católicos le dan prestigio a esta religión, pues forman el corpus de lo que al no poder explicarse por la razón, no queda más remedio que atribuir a la acción divina, lo que para el hombre de fe supone una prueba de su manifestación en el mundo material.

Conocimiento secreto en la iniciación

Y sin embargo…, sin embargo no parece que los cultos mistéricos antiguos (Abidos, Eleusis, Mitra…) fueran semejantes a los misterios católicos de hoy. Sin duda tenían su parte de dogma, adoctrinamiento y solemnidad ceremonial, pero también parece que se transmitía realmente un cierto conocimiento secreto, racionalizable en sentido holístico, pero solo apto para los iniciados.

Se formaba así en las religiones mistéricas una dicotomía entre el iniciado, que había recibido los secretos transmitidos en las ceremonias, y el profano, que se conformaba con los aspectos superficiales y aparentes del culto: la liturgia, la vestimenta de los hierofantes, el canto, las imágenes, las historias sagradas, los símbolos, las alegorías, las parábolas.

Huelga decir que lo habitual era que el iniciado ingresara en la casta sacerdotal, y que adquirir ese conocimiento secreto no consistía solo en acudir una noche a cierto sitio y que alguien te lo explicara y tú lo apuntaras en tu libreta y ya está. No. Se trataba más bien de un proceso gradual de cambio personal tutelado, proceso que suponía un trabajo y un sacrificio que el profano normalmente no podía, no tenía tiempo o no estaba dispuesto a hacer. En el fondo de casi todas las religiones está este esquema en el que existe un núcleo central de conocimiento esotérico al que solo acceden los iniciados, y que contiene solo unas pocas verdades rotundas, de tipo espiritual, y luego ese núcleo está rodeado por una o varias cubiertas exotéricas de verdades (o medias verdades) de tipo material, más aparentes, más superficiales, pero más atractivas y más livianas para el profano. Convertirse en iniciado implicaba, por tanto, pasar de lo material a lo espiritual, y hay un acuerdo casi unánime entre los autores especializados en que la transición al plano espiritual se hace a través de los símbolos. Pero en este artículo no voy a hablar de símbolos.

Gráfico explicativo de los procesos antagónicos de iniciación y vulgarización
Los dos movimientos antagónicos del conocimiento iniciático

Secretos iniciáticos filtrados

Y ha llegado el momento de decir que no es cierto que se ignore completamente el tipo de conocimiento que se transmitía a esos iniciados. Algunas cosas han pasado el filtro de los siglos, han salido de las salas de iniciación y de las logias, y se pueden encontrar en fragmentos sueltos de los escritos de ciertos autores con gusto para estas cosas. Curiosamente, se trata de secretos transversales a todas las religiones antiguas. Ahora bien: es importante tomar esta información con precaución, por dos razones:

  1. Se sabe que siempre existieron sacerdotes o iniciados demasiado humanos que no estando bien formados en los misterios, tenían prisa por convertirse en popes de su propia grey, y sin la debida instrucción ni el debido trabajo y esfuerzo, formaban sus propias sectas y transmitían ideas corrompidas, simplificadas, profanadas, o simplemente no bien aprendidas, junto a prácticas de devoción superficial, aunque llamativa, sobre los cultos mistéricos. La propia adaptación del mensaje a la sensibilidad y receptividad del oyente ya es una fuente inevitable de contaminación, más aún si hay de por medio la traducción a un idioma distinto. Los romanos, por ejemplo, fueron grandes favorecedores del sincretismo religioso, pero hay que suponer que las diferencias entre el culto a Mitra que practicaban los persas originales y el mitraísmo que llegó a Italia con las legiones romanas, debían de ser notables.

  2. Desde las propias jerarquías iniciadas, o logias, o conciliábulos, siempre se ha transmitido la idea de que el conocimiento secreto solo se debe desvelar al que esté preparado para adquirirlo. Nunca se debe hablar en vano ni destapar verdades a oídos que no solo no las comprenderían, sino que encima las pisotearían y las echarían a perder. No se debe echar perlas a los cerdos. El secreto es una consigna en toda ceremonia o sociedad iniciática que se precie. Esta es la razón principal por la que lo que nos dicen estos autores siempre debe «cogerse con alfileres». No se puede descartar que sea simplemente desinformación cuyo fin es mantener el secreto.

Pero con estas precauciones, vamos pues a esbozar algunas de esas ideas pertenecientes al corpus clásico de conocimientos secretos que han escapado al control de las jerarquías iniciáticas. Algunos se sorprenderán y quizás se decepcionarán por su aparente sencillez, otros las descartarán como obviedades que no son verdadero conocimiento, otros dirán que son imaginaciones, dogmas, ocurrencias… Pero quizás algunos potenciales iniciados sean capaces de vislumbrar la tremenda profundidad que encierran. Ustedes dirán.

Las tres ideas iniciáticas básicas

1-Existencia del Principio Creador

La primera y más importante de estas ideas es la que se refiere a la existencia de un solo Principio Creador, en palabras llanas, de un Dios creador único, aunque a nivel exotérico se hable de múltiples dioses. Estaremos de acuerdo en que no corren buenos tiempos para esta idea. Más bien al contrario. Tanto en el sector más prestigioso de la sociedad, que hoy en día es la ciencia, como en los menos prestigiosos, que son la política y la banca, el ateísmo ejerce un dominio apabullante en facultades, escuelas técnicas, laboratorios, ateneos, academias, parlamentos y sucursales.

Es indudable que la ciencia ha permitido un avance asombroso en la búsqueda del conocimiento auténtico sobre el mundo material, y que muchos han extrapolado y concluido que si Dios existe, como casi todas las religiones dicen que interviene de vez en cuando en el mundo físico, entonces debe de ser parte de él y debe de poder encontrarse con los medios y los instrumentos de la ciencia. Pero Dios no aparece por ningún lado y el ateísmo, es decir la negación del Principio Creador, crece hoy sin parar en el mundo.

Y sin embargo el ateísmo era para los iniciados antiguos la más obcecadamente estulta de las posturas religiosas, pues cada persona no necesitaba más que a su propio corazón para saber que el mundo había sido creado por la Divinidad, y la propia Divinidad se lo revelaba a cada uno de manera íntima, sin sacerdotes, ni científicos, ni intermediarios de ningún otro tipo. Las propias constituciones de Anderson (1723)iv, escrito fundacional de la masonería especulativa moderna, recogen muy bien la forma en la que el ateísmo era considerado en la antigüedad por parte de los cultos mistéricos, al decir que:

Un masón no será nunca un ateo estúpido ni un libertino irreligioso.

El ateísmo se veía como síntoma de un ego hipertrofiado y de desconexión con el propio corazón, fuente de la inteligencia intuitiva, tan importante como la lógica y la racional, y por tanto como un síntoma claro de necedad y engreimiento que imposibilitaba a la persona para emprender el proceso de aprendizaje iniciático. Básicamente lo que se le decía a un ateo que se quería someter al proceso de iniciación era que se diera una vuelta por el mundo y si al cabo de unos años encontraba la fe, que entonces volviera y lo intentara otra vez.

2-Existencia de un alma inmortal para cada persona

Distingamos vida de existencia

O dicho de otra manera, existencia efectiva de un mundo espiritual de orden superior en el que la materia y sus límites (la muerte, el cambio, el tiempo) no tienen el mismo sentido que en el mundo físico. Las almas son partes desgajadas de la propia Divinidad que existen intemporalmente en el mundo espiritual y que viven temporalmente en el mundo material. Se podría generar cierta controversia filológica de calado en torno al uso del adjetivo «inmortal». Si algo es inmortal quiere decir que no puede morir, es decir, que no puede dejar de vivir nunca. Pero todo lo que vive en el mundo físico, ha nacido antes, luego no estuvo vivo en algún momento del pasado, y además según nuestra experiencia, debe morir después. Luego quizás, más que «inmortal», deberíamos referirnos al alma, si admitimos que es parte de la divinidad y por tanto ha existido desde «siempre», como algo «amortal», o sea, que no le aplican los calificativos típicos de la dimensión material porque sencillamente no es de aquí. Para no complicarnos demasiado, admitiremos que «inmortal» significa simplemente que la muerte en esta dimensión física es solo la muerte del cuerpo como soporte al que el alma se enlaza, mientras que para el alma, eso es solo un cambio más que implica la rotura del enlace y la inevitable desconexión con el mundo material, pero no la exterminación definitiva en el mundo espiritual en el que siempre existe. Es el cese de la vida física, no el cese de la existencia espiritual, y puede implicar, por ejemplo, la admisión de la idea de reencarnación, algo que, aunque hoy es herejía en el cristianismo, no lo era tanto entre los cristianos primigeniosv.

El Principio Generativo

Para que las almas que existen atemporalmente en el mundo espiritual puedan vivir una vida en el mundo material, el universo recurre al Principio Generativo, que sería la forma en la que la Divinidad ha preparado la Creación para que existan suficientes cuerpos en los que las almas, es decir, la propia Divinidad dividida en partes, puedan entrar cuando quieren reencarnarse y pasar de la existencia a la vida. Esta idea es comentada, por ejemplo, en el libro Osiris, los misterios del antiguo Egipto, de Dr. G. Swinburne.

Este punto de la existencia del alma es fundamental e incluye al anterior en cierta medida, pues lo que el aspirante a iniciado busca, en realidad, es esto, su propia alma y si la encuentra, habrá encontrado al paso la certeza de la Divinidad. Ningún científico puede mostrársela, ni darle evidencias de ella, con hechos ni con palabras, ni con medidas de laboratorio. El aspirante debe buscar dentro de sí mismo, en soledad, con esfuerzo, con práctica, con meditación. El que persevera quizás llegue algún día y aprenda que es hijo de Dios. Dice un adagio budista:

Hay dos errores que impiden realizar un camino. El primero es no empezarlo. El segundo es no terminarlo.

El que desespera ya ha perdido la batalla y es presa fácil del diablo. De hecho, una de las premisas del satanismo moderno es la radical materialidad (no hay Divinidad, no hay alma) y unicidad de la vida (no hay reencarnación). El cristianismo también rechazó la idea de reencarnación y se acogió a la unicidad de la vida, pero al menos sí admite la existencia del alma y de una sempiternidad posterior, cuya calidad estará determinada por el resultado del juicio divino al comportamiento durante la vida.

3-Corresponsabilidad en los tres planos de la obra creadora

La masa profana se conforma con las apariencias, no está dispuesta al verdadero trabajo y sacrificio que implica aprender, no acepta que sus actos tienen consecuencias, más o menos inmediatas, en el resto de la creación. En definitiva la masa profana rechaza la idea de corresponsabilidad en la obra creadora y prefiere reducir su contribución al mantenimiento de las apariencias vistosas de la liturgia del culto religioso en cuestión o del rol social en cuestión. El profano ignora su propia conexión con la divinidad y por tanto ignora también la de su entorno, por lo que piensa que sus acciones no contribuyen a la Creaciónvi. Si observa un problema exige a los demás (individuos, organizaciones, partidos) que hagan algo, para luego echarles la culpa de todo lo que pase si las cosas van mal.

El iniciado, sin embargo, aprende que existen tres planos de actuación en el mundo físico: el de los pensamientos, el de las palabras y el de las obras, y aprende también que su actuación en esos tres planos es causa co-creadora de los efectos que luego se observan en el mundo cercano que lo rodea, y que luego se observan también, aunque más amortiguadas, en el mundo en sentido amplio, sin ambages, sin atenuantes, agregándose y compensándose con las contribuciones del resto de actores. Lo que el hombre siembre con pensamiento, palabra y obra, eso recogerá.

Imagen alegórica sobre la inciación mistérica
Los aspirantes a inciados avanzan hacia el núcleo esotérico a través de la abstracción y la simbología, los profanos avanzan hacia el exterior exotérico a través de la concreción
  1. El que piense todo el rato que es mala persona, terminará siendo mala persona. Por eso el iniciado aprende la importancia del control del pensamiento sus las técnicas básicas: concentración, atención, meditación. Hay que domar todo el barullo mental de deseos, aspiraciones vanas, y miedos absurdos en el que el ego nos sumerge si no lo dominamos. El miedo es un producto del pensamiento que paraliza y esclaviza a las personas. «No tengáis miedo», solía decir el papa Juan Pablo II. Al final del camino siempre está la muerte del cuerpo físico: es el final de la vida, pero no el de la existencia.

  2. El que hable sin control terminará perjudicándose a sí mismo y a los demás. Por eso es necesaria la retórica basada en unas buenas gramática y lógica. El iniciado aprende que callar y escuchar con atención, son pieza clave para luego poder hablar y hacerlo siempre de forma positiva para la obra creadora y adaptada al nivel de los oídos del que escucha. Por eso Jesús hablaba a través de parábolas, que permiten que cada uno capte el mensaje de acuerdo a su nivel de instrucción previa. Aquí es donde encajan otra vez sentencias bíblicas, mandamientos y lemas:

    1. No se debe echar perlas a los cerdos

    2. No se debe mencionar el nombre de Dios en vano

    3. Audi, uide, tace

  3. El que haga el mal, solo puede esperar que el universo se lo devuelva corregido y aumentado. El iniciado aprende la regla de comportamiento básica en el mundo físico, la llamada ley natural o regla de oro en su primera aproximación que es la expresión apofática: «no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti». Hay escuelas mistéricas que consideran esta regla insuficiente, y proponen que se debe ampliar su alcance hasta la práctica positiva de la fraternidad universal, pero eso sería otra discusión.

Ateísmo y ataque a las verdades iniciáticas

Hoy, las tres verdades espirituales iniciáticas están comprometidas y tienden a pasar por imaginaciones o ideícas. El proceso que arrancó con la Revolución Científica del siglo XVII ha ido llenando nuestras vidas de avances que parecerían magia a los ojos de un hombre antiguo. Los antibióticos curan enfermedades que antes desembocaban necesariamente en la muerte. Los marcapasos añaden largos años de vida a los corazones cansados. Las comodidades de las que disfruta el más pobre de los obreros de hoy son comparables a las de un emperador romano de antaño. Todo esto figura en la lista de logros de la ciencia, y apoyada en este prestigioso currículum la propia ciencia se siente justificada para decirnos que ha empezado a buscar pruebas de la existencia de Dios y que no las encuentravii. Por tanto, como las reglas de la lógica implican que el que hace una afirmación es el que tiene la obligación de la carga de la prueba, si alguien afirma que existe Dios, debe aportar pruebas que la ciencia pueda verificar. Como esto parece ser imposible, como además las religiones clásicas, que son las que se arrogan el papel de intermediarias con la divinidad, tampoco ofrecen pruebas y por contra, tienen una historia colateral de maldades y sinrazones, y como el hombre de hoy ha perdido esa conexión que permitía al antiguo hablar directamente con Dios sin más que echarse a la naturaleza, la conclusión inevitable es el ateísmo, ya sea en versión débil o fuerte.

El ateísmo ha visto también un filón en la explotación de esas maldades y salidas de pata de banco de las religiones a las que antes me refería, y le saca mucho jugo a las contradicciones entre las diferentes religiones reveladas mayoritarias a través del estudio comparativo de sus doctrinas y dogmas aparentes. Para el ateísmo toda espiritualidad es algo acientífico, puro producto de la imaginación, y por tanto no tiene sentido alegar que las religiones son un producto aparente y exotérico y que las pruebas de falsedad que alega encontrar en estos estudios comparativos son solo muestras de los procesos de corrupción y degradación de las enseñanzas iniciáticas a los que antes me he referido.

Imágen alegórica de la presencia divina en la naturaleza
Antes bastaba con dejar al hombre solo ante la naturaleza para que Dios se revelara en su corazón sin dudas ni intermediarios

El estado actual de las tres verdades inciáticas

En definitiva, como la ciencia no encuentra pruebas de la existencia del Principio Creador, ni de la existencia del alma, el mundo actual, que confía ciegamente en la ciencia, acepta que estos no deben de existir. Se acabaron las dos primeras verdades iniciáticas. ¿Qué pasa con la tercera? Que se queda un poco coja sin las dos primeras. Para la ciencia, el sentido espiritual de la vida no es más que otra de las manifestaciones imaginativas del computador cerebral al que llamamos mente. En la antigüedad bastaba dejar a un hombre solo ante la intemperie y los elementos para que no cupiera ninguna duda en su corazón sobre las certezas básicas de la existencia: Dios, alma, ley natural. Hoy el burdo materialismo cientifista anima al hombre a pensar que el mismo universo que maravillaba a sus ancestros no necesita Creador, y que incluso puede deberse a la casualidad de unas cosas llamadas fluctuaciones cuánticas en el vacío, que el alma que los antiguos iniciados buscaban interiormente con dedicación ejemplar no es más que un «constructo» inservible para la psicología moderna y que el compromiso con la ley natural puede ser de quita y pon según nos interese. Corren malos tiempos para la iniciación mistérica.

NOTAS:

i Eliade, Mircea. Ritos y símbolos de iniciación.

vi Sería más correcto expresar esto diciendo que ni siquiera pasa por su cabeza esta idea.

vii Uno de los objetivos habituales de los científicos coetáneos de la época de la denominada Revolución Científica, con posturas Deístas, era el de encontrar pruebas de que el mundo natural era la magna obra del Creador.

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