Lo dijo Ayn Rand:

    Cuando adviertas que para producir necesitas autorización de quienes no producen nada; cuando veas que el dinero fluye hacia los que no trafican con bienes, sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias, más que por el trabajo; cuando compruebes que las leyes no te protegen; cuando contemples la corrupción recompensada y la honradez arrinconada, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.

Trasilo de Mendes y Balbilio: dos astrólogos antiguos

De como Tiberio encontró a Trasilo de Mendes

Entre los años 6 a.C. y 3 d.C. un general romano llamado Tiberio, hijo de Claudiano y Livia Drusilai, se tomó un retiro voluntario lejos del bullicio de Roma. Su objetivo declarado y aparente era apartarse por un tiempo de las estresantes demandas que la vida pública romana tenía para el militar más importante de su tiempo y ministro principal del Agusto. En realidad él buscaba olvidarse del fracaso de su matrimonio con Julia, la hija de su ya entonces padrastro Augusto. ¡Aquello si que eran lazos familiares!

El lugar que Tiberio eligió para su exilio voluntario vacacional fue la bella isla de Rodas. Allí, y durante los tres años mencionados, se dedicó a gozar del merecido reposo del guerrero de sus años gloriosos como general de las legiones, e intentó olvidar los sinsabores de la vida conyugal y las infidelidades de su esposa y, aunque suene extraño, hermanastra Julia. En Rodas, Tiberio se dedicó al estudio de la filosofía y la astrología y se rodeó de un grupo de artistas y estudiosos, amigos y conocidos cuyo grado de erudición en estas materias era notable. Entre estos sabios, figuraba un filósofo estoico, profesor de gramática y también matemáticoii, es decir astrólogo y adivinador; un hombre de origen que algunos trazan entre egipcio, probablemente de Alejandría, y asirio, quizás de Antioquía, y de nombre Trasilo, que durante esos años “rodenses” se convirtió en amigo personal y en astrólogo de cabecera de Tiberio.

La leyenda negra de Tiberio

A través de las fuentes clásicas de Suetonio y Tácito, a Trasilo se le atribuye la profecía de que la suerte de Tiberio, cuya posición política y cuya seguridad personal fueron empeorando de forma preocupante conforme se prolongaba su exilio en Rodas, iba a cambiar para bien. Parece que para hacer este augurio, Trasilo se inspiró en el vuelo de un pájaro, un ave rara que nunca se había visto antes en Rodas, dicen unos, un águila, dicen otros. Fuera el pájaro que fuera, el caso es que fue a posarse precisamente en el tejado de la villa de Tiberio el mismo día de la llegada de una nave imperial romana al puerto de Rodas. En su obra Yo, Claudio, Robert Graves novela este episodio de forma algo diferente, aunque acogiéndose a la leyenda negra propagada por Suetonio que denigra a Tiberio, pintándolo como cruel, malvado y disoluto; un Tiberio que en lugar de estar acompañado por un grupo de eruditos para discutir de filosofía por las tardes en su retiro de Rodas, se reunía con adivinos, prostitutas, y gente de mal vivir. Si alguno le decía algo desagradable, dice Graves, Tiberio hacía que un esclavo de gran fuerza física lo acompañara por una senda que bordeaba los acantilados de la isla y provocara que el infeliz que había molestado al amo diera un mal paso y cayera fatalmente al abismo. Pero no es mi intención blanquear la leyenda negra de Tiberio, que ya la historia se ha encargado de nutrir bien los bandos de sus atacantes y de sus defensores, sino dar norte de las peripecias de su astrólogo, Trasilo de Mendes.

El caso es que en el año 3 d.C., Tiberio está otra vez de vuelta en Roma y, tras la inesperada muerte de los nietos de Augusto, Lucio y Cayo, ha recuperado el prestigio perdido y el favor de Augusto que lo designa su heredero. Para entonces, Trasilo ya ha ligado su destino al de él, y será su consejero y astrólogo desde ese momento y durante casi todo su reinado, que empieza en el 14 d.C. (muerte de Augusto) y se prolonga durante 13 años hasta el 37 d.C., salvando el poco tiempo que Tiberio lo sobrevivió (Trasilo murió en el 36 d.C.). Las actividades de Trasilo de Mendes antes de su encuentro con Tiberio son una gran incógnita y aunque existen citas puntuales en algunos documentos y papiros, no está claro que se refieran al mismo astrólogo del que hablan Suetonio y Tácito. Es en este punto donde nos podemos dejar llevar por la sugestión de la fantasía literaria de Graves, y por lo que sin duda debió ser la legendaria elocuencia y la elegante prestancia de Trasilo en faenas adivinatorias. De ellas hicieron uso, no solo Tiberio, sino muchos de los miembros de aquella demencial «familia imperial», entre ellos la que Graves pinta como gran muñidora de todos los infortunios y tragedias que aquejaron al clan julio-claudio: Livia Drusilla, la madre de Tiberio.

La villa de Tiberio en Rodas 2
El acceso a la villa de Tiberio en Rodas se hacía por un estrecho camino junto al precipicio que daba al abismo…

Algunas profecías de Trasilo

Ya sabemos que los romanos eran, de acuerdo a nuestros cánones modernos, rabiosamente supersticiosos y por eso antes de acometer cualquier acción de importancia se entregaban al sacrificio propiciatorio, se daban a la consulta de augures, arúspices y vates y se afanaban en la observación de posibles portentos e hipotéticas señales que pudiera ofrecer la naturaleza. Dado su gran prestigio, no debió ser muy difícil para Trasilo convertirse casi en la conciencia de la familia real, el consejero sensato al que había que consultar antes de cada empresa. Para todos, Trasilo era infalible, y se le tenía siempre por inspirado, incluso cuando peroraba otras profecías de baja calidad, como por ejemplo la que hizo a Livia cuando ya ésta era una octogenaria y estaba enemistada a muerte con su hijo Tiberio:

Morirás sola, vieja y decepcionada, pero serás divinizada más tarde.

O profecías erradas, como cuando le dijo a Tiberio:

Tan emperador puede ser Calígula como capaz soy yo de cruzar al galope la bahía de Bayas.

Otras resultaron ciertas aunque quizás no en la forma que pretendía Trasilo, como cuando le dijo al mismo Tiberio, ya poco antes de morir en su retiro final de Capri, y para tranquilizarlo sobre una conspiración general en su contra:

Dentro de diez años, Tiberio César todavía será emperador.

Y así parece que salvó a varios nobles romanos de la ira tiberiana, sin saber que, en efecto, diez años más tarde, Tiberio Claudio sería emperador. Pero era otro Tiberio Claudio. Era el Claudio de Yo, Claudio, sobrino de Tiberio, que cuando se enteró por su abuela Livia de estos vaticinios, y se asombró de que además Trasilo le había anticipado nada menos que imperio después del asesinato de su sobrino Calígula, exclamó con sorpresa:

¿Es que Trasilo no se equivoca nunca, o qué?

A lo que Livia contestó, impertérrita:

No, nunca.

Sabemos también que Trasilo de Mendes no se limitó a labores de consultoría astrológica imperial, sino que fue un intelectual completo con obra escrita, según cuenta Porfirio en su Vida de Plotino, cuando dice que la obra de este último tiene:

Mucho más rigor científico que la de nuestro Trasilo.

Lamentablemente, ni una página de esa obra escrita trasiliana ha traspasado los umbrales del tiempo para llegar a nosotros y todo lo que sabemos de Trasilo viene de oídas, quiero decir, de citas de otros autores.

Influencia de Trasilo sobre Tiberio

Se sabe que el mismo Tiberio, influenciado por la presencia de Trasilo, llegó a hacerse gran aficionado a las artes astrológicas, o matemáticas, según se conocían en la época. El astrólogo de entonces se llamaba matemático porque dada la cantidad y calidad de cálculos gráficos que había que hacer en un horóscopo, él era el técnico que estaba en la vanguardia de la ciencia matemática de su tiempo. De hecho, Tiberio debía de tener fe absoluta en las posibilidades de la astrología pues, temeroso de que otros pudieran aprovecharse de ella, dictó una orden de expulsión por la que todos los astrólogos debían de abandonar Roma, excepto Trasilo, claro.

Trasilo de Mendes y Aka II
Trasilo de Mendes y Aka II disfrutan de la estancia en la villa adriática que les ha regalado el emperador Tiberio

La romanización de Trasilo y su descendencia

En el mejor sentido clientelar que nuestras culturas modernas han heredado de la romana, Tiberio tomó a Trasilo y a su familia bajo su protección, les otorgó la ciudadanía romana y favoreció los matrimonios que entroncaron a sus vástagos con la nobleza local. No es descabellado atribuir al mismo Tiberio el matrimonio de Trasilo con la princesa Aka II de Commageneiii, de origen meda, y por tanto también con sangre de astrólogos, adivinos y consejeros reales corriendo por sus venas. El hijo de esta unión no podía ser otro que el gran astrólogo Balbilioiv, que fue, más o menos para Claudio y luego para Nerón, y luego para Vespasiano, lo que Trasilo había sido para su tío Tiberio, y quizás algo más, pues con Claudio alternó estancias entre Roma y Alejandría, desde donde desempeñó la prefectura de Egipto.

Graves, nos pinta a Balbilio como el instrumento del episodio final de la locura de poder de Mesalina que, deseosa de quitar de en medio a su marido lisiado, tartamudo y con pinta de tonto, o sea de deshacerse del emperador Claudio, le dijo que Balbilio le había profetizado un acontecimiento fatal para su esposo. Mesalina sugirió que para burlar al destino, Claudio se debía divorciar de ella por un tiempo, durante el cual ella tomaría como esposo a otro noble al que ella haría destinatario de tan negro golpe de la fortuna. Claudio la creyó, sin sospechar que lo que había tramado Mesalina era, ni más ni menos que un golpe de estado.

Años finales de Balbilio

Pero Mesalina perdió la cabeza, literalmente, en aquella treta y Balbilio la sobrevivió tanto a ella como al propio Claudio, como también sobrevivió al Nerón esperanzador de la primera época y al cruel y desequilibrado de la segunda. De alguna manera, Balbilio se las ingenió para salir indemne de los disturbios y el terror del año de los tres emperadores: Galba, Otón y Vitelio. Y para ello se mudó permanentemente a su querida Alejandría, donde consta que llegó a regentar una casa de baños y a ser director de su famosa biblioteca, aparte de sumo sacerdote del templo de Hermes, todo durante aquel año infernal de encanallada vida pública. Finalmente, Balbilio retornó a Roma para ser consejero durante un tiempo del sensato Vespasiano, que terminó destinándolo a Éfeso, ciudad en la que recibió muchos honores por su pericia astrológica, entre ellos unos juegos deportivos que llevaban su nombre, y ciudad en la que Balbilio murió en el año 79 d.C.

Trasilo de Mendes y su hijo con Aka II de Commagene, Balbilio, fueron los grandes astrólogos, o sea matemáticos de su tiempo, un tiempo en el que con sus artes adivinatorias y su destreza geométrica para trazar horóscopos, los astrólogos eran los calculistas más refinados que uno podía encontrarse en el mundo civilizado. Por sus venas corría sangre egipcia, griega y meda: sangre de las tribus y las familias que habían sido, por tradición de siglos, cuando no de milenios, los adivinos, los consejeros, los magos y los médicos a los que casi todos los gobernantes del Medio Oriente llamaban para estas labores taumatúrgicas. Lamentablemente, el trazo de sus descendientes se pierde en los registros de la historia, pero no nos cuesta imaginarlos todavía hoy deambulando por nuestro mundo. ¿Quizás gente como Cagliostro, Saint-Germain, Flanel o Fulcanelli? No lo sé. Pero si la línea vital de aquellos ancestros sigue viva hoy, no pensemos que los continuadores de aquellos gramáticos y matemáticos del siglo I vayan a ser hoy nuestros astrólogos televisivos, Acevedes, Rappeles y Aramises, sino más bien habrá que buscarlos en los modernos think tanks que hoy asesoran a los organismos internacionales, a los gobiernos, a la banca, a las corporaciones y al grupo de Builderberg. ¡Vamos, que digo yo, añadiendo que de esto entiendo poco, que lo mío es la huerta! Ahí sus quedáis.

Epílogo: afesis, un ejemplo de astrología antigua práctica

Se conoce como afesis al procedimiento astrológico para la determinación de longitud de la vida de un sujeto. Con origen en la astrología griega, pasó después a zona perso-árabe y luego al latín medieval como athazir o direcciónv.

A grandes rasgos, la afesis se basa en la rotación diurna aparente de la esfera celeste y consiste en la estimación de la hora de salida de la constelación zodiacal del sujeto en el momento de su natividad, momento que, en términos de grados de declinación, se establece como “arranque” de la vidavi. Luego se sigue la disposición del firmamento del día en referencia a esa constelación y se busca un “destructor” en forma de uno de los planetas conocidos (entonces eran 5: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno). Se anota la declinación y por diferencia y con equivalencia entre grados y años se puede tener una estimación de la vida esperable del sujeto. Dependiendo de cual sea el planeta destructor en concreto, el astrólogo puede aventurar la causa de la muertevii, así si es Marte, lo esperable es un enfrentamiento mortal.

Notas:

i Tercera y última esposa de Augusto, lo que convertía a Tiberio en ahijado de éste.

ii En aquella época «matemático» era sinónimo de «astrólogo», mientras que «geómetra» era lo que nosotros entenderíamos por matemático de hoy.

iii https://en.wikipedia.org/wiki/Aka_II_of_Commagene

iv https://en.wikipedia.org/wiki/Tiberius_Claudius_Balbilus

v Tomado de un trabajo de Martin Gansten. Julio de 2012. Lund University.

vi El método ofrece variantes, y el arranque puede ser también un planeta o punto celeste significativo de ese momento, en particular son importantes el sol para nacimientos diurnos y la luna para los nocturnos.

vii Ptolomeo da en su Tetrabiblos una lista de las enfermedades mortales típicas de cada planeta.

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