Lo dijo Ayn Rand:

    Cuando adviertas que para producir necesitas autorización de quienes no producen nada; cuando veas que el dinero fluye hacia los que no trafican con bienes, sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias, más que por el trabajo; cuando compruebes que las leyes no te protegen; cuando contemples la corrupción recompensada y la honradez arrinconada, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.

Lovecraft y el libro que vuelve loco

Soñé con un patio abandonado, tupido de hiedra y helechos.

Allí, junto a un pozo decrépito que exhalaba ponzoña vaporosa

Estaba la recóndita entrada a una misteriosa y olvidada cripta.

Rota la herrumbrosa cerraja, sentí un frío sopor bajo la bóveda;

Y en el sueño dentro del sueño, me fue revelada la verdad secreta.

Hay espesuras impenetrables que nunca vieron la luz,

Y bosques de árboles huesudos con sombra cimbreante

Que atesoran un saber primigenio, cósmico y terrible.

Hay huecos donde el mal se demora en las penumbras

Y allí, olvidado, crece y se hace fuerte durante eones.

Hay engendros de alas membranosas y cabeza tentacular

Que vinieron de los abismos insondables del espacio y del tiempo

Y cruzaron los pliegues dimensionales de los perros de Tíndalos.

Ahora se ocultan, traman, y murmuran arcanos en lenguas muertas,

Mientras labran rocas vetustas con jeroglíficos y relieves blasfemos.

Desperté del segundo sueño y busqué pruebas de inmortales anfibios

De cifras ignotas, para aprender que solo la Luna fue testigo mudo

De lo que siempre debió permanecer hundido y sepultado

De lo viscoso, de lo hediondo, de lo que sisea en las sepulturas

De lo que aún sigue rindiendo culto y tributo al Gran Cthulhu

Desperté del primer sueño y todo pareció imaginación delirante,

Cuentos utópicos que hablan de atmósferas pantanosas y arcaicas,

Donde habita lo innombrable venido del espacio exterior,

Rimas sobre aguas estancadas que tapan la perversidad esencial

Desvaríos de carcamales consumidos por el alcohol y la demencia.

Me tranquilizó esta idea mientras me incorporaba con cuidado

Rayos de sol, café azucarado y lumbago me confirmaron que desperté,

Que salí otra vez de los niveles del laberinto onírico de quimera y disparate

Un día mas, mi mano temblorosa añadirá un párrafo sacrílego y lunático

Al libro que vuelve loco. No sé mi edad, ni mi procedencia, ni mi nombre.

En el sanatorio todos me llaman Abdul Alhazred.

Homenaje a H.P. Lovecraft

Lovecraft, por Eloy Caballero
Lovecraft, por Eloy Caballero

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