Estadísticas de Google Analytics

    generado por GADWP 

    Material registrado:

    Safe Creative #1709190281730

Homo Videns, de Giovanni Sartori

Imagen, palabra y mensaje

La tesis fundamental del libro de Giovanni Sartori, Homo videns (Libro), es que el visionado regular de la televisión empobrece el aparato cognitivo del homo sapiens, pues la primacía de la imagen que implica, imagen televisiva a la que la palabra va siempre supeditada, nos acerca más al estado evolutivo animal, cuya característica principal es la primacía de lo instintivo. Lo visual manda sobre lo simbólico (en su función de abstracción), y precisamente la capacidad simbólica es la que diferencia al homo sapiens del animal. Veamos, entonces, cuales son las justificaciones que el autor aporta para cimentar tal afirmación y que cada uno decida si le cuadran o no.

La palabra es un símbolo que porta un mensaje que se resuelve en lo que significa y se entiende así por convenio entre el grupo de hablantes de una lengua determinada. La imagen, por el contrario, es autoexplicativa a un nivel previo al del convenio del lenguaje hablado, y eso nos puede llevar al error de creer que con el simple hecho de ver, ya estamos resolviendo y entendiendo el mensaje. De esta forma la televisión modifica sustancialmente la relación entre el contenido significante y el mensaje emitido, más concretamente, la revierte, especialmente en aquellos que ven la televisión durante horas al día, y especialmente más en los niños.

El niño que se educa con la televisión está formado en la imagen y, normalmente, no lee… Está sordo de por vida a los estímulos de la cultura escrita.

Imagen alegórica sobre la influencia de la TV en la infancia
Educación televisiva

Televisión y cerebro inmaduro

La televisión usada sin medida ni control como pozo de entretenimiento para el cerebro inmaduro ofrece, por ejemplo, un modelo de comportamiento violento que supone la contemplación pasiva de miles de asesinatos en solo unos años. Ese cerebro no entiende lo que está viendo hasta el nivel de ser capaz de razonar del modo: «¡Ah!, pero esto que estoy viendo no me sirve para resolver conflictos en el mundo real». Por el contrario, ese cerebro desarrolla el concepto de que la violencia que se le muestra es la forma habitual de resolver conflictos en la vida adulta, y además se suele pintar como «excitante». El cerebro humano aprende por comportamiento imitativo y además cuando se sumerge en una situación emocional, deja de distinguir entre la realidad y la ficción.

La vida es espectáculo

La televisión se ha centrado en lo lúdico y ese es su punto fuerte, o sea, la capacidad de entretener con imágenes. Esto podría verse como una aportación pues el ser humano, agobiado por las tareas que le impone la supervivencia, busca y necesita la evasión del entretenimiento. La televisión es un progreso indudable desde el punto de vista del espectáculo. El problema es que la televisión entretiene incluso cuando pretende hacer cosas difícilmente compatibles con entretener, como informar de un asunto serio. Y en este sentido el progreso se transforma en regresión, pues la vocación espectacular predomina sobre el resto y termina empobreciendo la capacidad de entender del espectador debido a dos fenómenos:

  1. La simplificación de conceptos abstractos y no visibles (justicia, democracia, libertad, soberanía) que conlleva la imagen
  2. La atrofia de la facultad de entender que fomenta la pasividad de limitarse a ver las imágenes

Toda nuestra capacidad de administrar la realidad política, social y económica en la que vivimos, y a la que se somete la naturaleza del hombre, se fundamenta exclusivamente en un pensamiento conceptual que representa entidades invisibles e inexistentes.

Lo que salga en televisión debe ser, a ser posible estridente, emocionante, extravagante, exagerado. Pero ocurre con frecuencia que lo que termina arrojando la pantalla, pese a ser todo lo anterior, está casi vacío de contenido, pensamiento e ideas. El sistema televisivo se convierte así en promotor de la charlatanería y la mediocridad, y en detractor de lo serio, que por definición es aburrido.

La información por sí sola no es conocimiento

La mera acumulación de datos y fotogramas no supone automáticamente entender mejor la realidad. Para que la información se transforme en conocimiento es necesario un proceso de comprensión, comparación, y valoración, proceso cuyo arranque se ve entorpecido por el continuo vómito de imágenes. Todo este proceso se ve doblemente perjudicado cuando, como es habitual, hay intención venal o desinformadora detrás.

Pese a su potencialmente más amplio alcance y teóricamente superior capacidad en términos de caudal informativo, el hecho es que la televisión da menos información que otros medios que parecen más limitados, como la prensa y la radio. Incluso se nota con frecuencia que la obligación de acompañar toda información televisiva con imágenes, cuando no la mala intención, lleva al absurdo de la emisión de imágenes genéricas no relacionadas directamente con la noticia.

A la hora de explicar un acontecimiento, y para facilitar la comprensión del receptor, se necesita recurrir a la abstracción para enhebrar un discurso lógico que relacione, no solo lo visible, sino sobre todo lo invisible de lo que está sucediendo. Pues bien, en ese sentido la imagen no ayuda, sino que bloquea el proceso natural del discurso hablado o escrito, aprisionando al televidente en lo visible de la imagen. Eso visible es a menudo accesorio y superfluo pero se puede hacer llamativo relacionándolo con uno de los tres instintos básicos del hombre: supervivencia, reproducción, poder.

Por principio de economía, la televisión va siempre a la versión más económicamente espectacular de los acontecimientos, es decir iguala por abajo. La optimización de costes ha llevado a la subcontratación de agencias de noticias que, dada la concentración de grupos mediáticos, reparten las mismas imágenes y teletipos a todas las cadenas. Las informaciones no se suman o complementan, sino que se superponen, de modo que las emisoras se reparten el pastel de una audiencia educada y acostumbrada a las leyes de mínimos. Gran paradoja: los productos televisivos no mejoran con la competencia, sino que empeoran.

Composición alegórica sobre el visionado de la TV
La competencia empeora los productos televisivos

Imagen y verdad

La obligación y la exigencia de mostrar genera el deseo de mostrarse, y así aparecen hechos y ocurrencias que se convierten en candidatos impensados a noticias, cuando en realidad se trata de pseudo-acontecimientos que a menudo se han fabricado expresamente para la televisión o que han adquirido ese cariz porque simplemente había una cámara rodando en el sitio adecuado y en el momento oportuno.

Se atribuye a la imagen una veracidad inherente. Se da por hecho que al mostrarse tal cual es al mundo, no hay mentira posible en ella. El presentador Walter Cronkite tenía el lema: la imagen habla por sí misma. Sin embargo el potencial desinformador de esta idea asumida por las masas se explota hasta la hez y hace que las manipulaciones y la propaganda con imágenes sea la más peligrosa de todas las posibles. De hecho, la relación de la imagen con la verdad es casi siempre de naturaleza muy débil. La imagen está siempre encerrada por los límites de su encuadre, y la imposibilidad de mostrar en la extensión adecuada este encuadre debería hacernos considerar que toda imagen está, por defecto y por definición, descontextualizada y por tanto requiere siempre desconfianza y análisis crítico.

Requiem por la cultura escrita

Una de las características que internet aporta para diferenciarse de la televisión es la potenciación de los grupos de intereses afines. Las redes sociales son grandes maquinarias de robo de datos para bombardeo publicitario a medida y para el espionaje de las centrales de inteligencia, con el matiz de que la gente cede voluntariamente esos datos, o al menos consiente el robo a cambio del supuesto servicio que prestan. Pero las redes sociales también sirven muy bien para una tarea formidable de ingeniería social, que es la compartimentalización. La gente se recluye en sus foros afines y sus grupos de amigos para estar con otra gente que piensa como ellos, lo cual fomenta la incomprensión entre grupos estancos, el desprecio al resto, la ignorancia de las otras opiniones. Cuando se interacciona con lineas de pensamiento distintas, el principal elemento de las discusiones ya no es el cruce dialéctico de argumentos, sino en el mejor caso la ironía y en general la agresión a través del insulto.

La cultura escrita, que ha sustentado la civilización tal y como la conocemos y que la ha rescatado del abismo en varias ocasiones, está agonizando y su pérdida no puede ser compensada por lo audiovisual. Experimentos como el de Alan Sokal y algunos más recientes lo prueban más allá de toda duda. El pensamiento clásico se anula en clave de postpensamiento, que ya ha penetrado en nuestros sistemas legales cercenando el principio de igualdad ante la ley en las llamadas «políticas de género». Las universidades, antiguos templos del saber, se han convertido en vomitorios de diplomas educativos, o títulos de doctorado que construyen la lumpen-intelligentsia que se ha ido infiltrando en todos los lugares ideales de la revolución mediática y de la involución académica.

Conclusión del libro

El hombre que pierde la capacidad de abstracción es incapaz de la racionalidad y deja de ser un animal simbólico capaz de sostener el mundo del homo sapiens. El mundo construido sobre imágenes resulta desastroso para el animal racional y por tanto el abuso de la televisión debilita la capacidad intelectual de la opinión pública y por tanto la democracia. En su incapacidad para abstraer y sintetizar, la televisión agranda y embarulla los problemas que muestra y crea problemas nuevos y superfluos, anulando al mismo tiempo el pensamiento que los debería resolver.

Comments

So empty here ... leave a comment!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sidebar



Si continuas utilizando este sitio, significa que aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar