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George Orwell y 1984

George Orwell y 1984: una historia de miedo e ignorancia

Ilustración retrato de George Orwell
George Orwell, retrado basado en dibujo de la web

Dicen que George Orwell, seudónimo de Eric Blair, se inspiró en el estalinismo de la Unión Soviética de los años 1940 para describirnos cómo es una sociedad gobernada por el miedo; un miedo que en su mundo de ficción se ha instalado como principio rector de todas las relaciones humanas, no solo desde el gobierno hacia la población, sino de la propia población hacia ella misma: maridos contra mujeres, hijos contra padres, amigos contra amigos… Bueno, la verdad es que en 1984 ya no existe nada que se parezca, ni remotamente a la amistad, o sea tachen amigos y pongan camaradas. En definitiva, y recurriendo a la definición apofática,1 que siempre suele ser más eficaz, se trata de una sociedad en la que ha desaparecido cualquier trazo, rastro, muestra o chispa de amor: paterno-filial, fraternal, romántico, amistad, comunitario, lo que sea. Y con el amor, ha desaparecido todo lo que habitualmente lo acompaña: la verdad, la sabiduría, el gozo. El amor es el más grande de los tabús en 1984 y la prueba es que el partido INGSOC2 tolera la prostitución, pero persigue las relaciones basadas en el afecto o en el erotismo, y deniega cualquier permiso de matrimonio si sospecha que hay enamoramiento detrás. Es una sociedad de camaradas nominales que, aunque no lo admitan, saben que viven en y para el miedo, en y para el odio, en y para la tortura. Y no lo admiten porque la mentira y la impostura son parte fundamental de la filosofía del sistema. 1984 es una sociedad de muertos vivientes, de máquinas humanas sin emociones; es una sociedad zombi.3

1984: caos y esclavitud

Los individuos de 1984 tienen miedo personalmente, y el agregado de estas personas no podía ser otro que una sociedad con miedo colectivo: una sociedad esclavizada y caótica. El pico de la pirámide gobernante lo ocupa el Gran Hermano y debajo está el Partido Interior.4 Desde esos niveles se ha instaurado un sistema de control totalitario perfecto, pues además del terrorismo, que organiza el propio gobierno en forma de ataques de falsa bandera,5 es la misma sociedad la que se auto controla, purgando cualquier mínima disidencia en cuanto la detecta. Los hijos se arrebatan a las familias bien pronto, y son entrenados como espías para que aprendan la delación desde la cuna. Así, crecen:

«…entre juegos, conferencias, duchas frías, canciones y consignas, para llegar a la juventud desprovistos de cualquier atisbo de sentimiento natural».

Los niños de 1984 desconocen completamente lo que es el cariño y llegan a adultos con perfiles de psicópatas, completamente incapaces de empatizar con el sufrimiento ajeno. El partido INGSOC es como una secta que les proporciona el falso sentido de pertenencia e identidad que ni padres ni amigos les han dado. La intimidad y la privacidad han desaparecido, pues no solo todo el mundo delata a todo el mundo, sino que el Partido INGSOC ha instalado telepantallas y micrófonos en todas las estancias, en todas las calles, incluso en el campo, de forma que cualquier gesto o ademán menor que suponga una muestra de desacople con lo que se supone que debe ser un buen ciudadano, cualquier muestra de heterodoxia o de desacuerdo, es localizada y neutralizada por la policía del pensamiento. La mayor de las herejías es el sentido común. El terror del ciudadano medio es tal que lo que más teme es hablar en sueños, pues contra esa expresión inconsciente no hay disimulo ni autocensura que valga.

Guerra perpetua contra enemigo invisible

Ilustración figurativa Londres de 1984
El Londres de 1984: drones, explosiones y el ubicuo ojo del Gran Hermano

La ignorancia y la mentira son el cimiento que permite la extensión y el mantenimiento del sistema de 1984, basado en el miedo continuo y universal. El Gran Hermano proporciona un enemigo perpetuo, Goldstein, que justifica un estado de guerra perpetua. La guerra requiere un ejército, y la guerra perpetua un ejército sobre dimensionado, que así se auto explica como ente necesario y como principal consumidor de los recursos que generan otros, la mayoría, los sirvientes, los oprimidos, los que creen que esto es ley de vida y aún dan gracias porque al menos ese gobierno-ejército les protege del malísimo Goldstein. La guerra continua sirve también para justificar la existencia de jerarquías fuertes entre los individuos, ya que si no existieran, la organización defensiva sería un caos y el enemigo Goldstein se los comería en un pispás. La guerra sirve también para eliminar el exceso de producción proveniente del progreso, pues la ciencia, que en 1984 está completamente sometida al poder sirve solo a la guerra. El ciudadano está atrapado en una trampa de mentiras fabricadas que no tiene salidas. Cuando alguien pide aclaraciones sobre aspectos dudosos, en lugar de dar esas aclaraciones se le amenaza: o estás con nosotros o estás con ellos. La mentalidad nosotros/ellos nunca debe faltar en un sistema de control mental que se precie.

Fomento de la ignorancia

Sin embargo, la auténtica realidad, que Julia, la amante del protagonista Winston, sospecha con buena intuición femenina, es que no hay ningún enemigo exterior, Goldstein es un puñetero cuento. Es el propio gobierno el que atenta contra la población con bombas que estallan en mitad de las zonas residenciales y autogiros que eliminan a su propia gente de forma selectiva. Así se mantiene el estado de terror, se justifica la guerra, y se consiente la existencia de la plutocracia criminal del Partido Interior, que con estas excusas acapara los recursos materiales, se aprovecha de la riqueza que genera la clase media, y disfruta de privilegios exclusivos que colman sus aspiraciones terrenas: buen vino, buenas viandas… Para fomentar la ignorancia y el desconocimiento entre la gente, el gobierno aprovecha el sustrato de miedo que genera ese terror de falsa bandera y manipula constantemente la información sobre el pasado. Para ello fuerza el cambio de los recuerdos a través de la tortura; caza y destruye libros y modifica los registros pretéritos en soporte papel, que es a lo que se dedica Winston.6 Pero además de actuar hacia el pasado, el gobierno fomenta la ignorancia futura empobreciendo artificialmente el lenguaje. Lo que no se puede expresar, no existe. El individuo no necesita calificar algo con toda la variedad que permite la riqueza expresiva del idioma: aceptable, mejorable, suficiente, criticable, bueno, excelente, malo, pésimo. Basta la dualidad bueno/no-bueno. El lenguaje limitado pone límites al mundo. Ignorancia y miedo. Ese miedo se transforma en odio a través de la teatralización regular a la que se llama «los dos minutos del odio». La propaganda de los medios de masas, que están totalmente controlados por el INGSOC, y los atentados regulares, también organizados por él como ataques de falsa bandera, refuerzan y mantienen el miedo y lo proyectan como odio al enemigo, justificando el estado de guerra permanente. El gobierno tiene poderes para detener en secreto a cualquier ciudadano, en cualquier momento, y no existe derecho a un abogado, ni a un juicio. La gente, simplemente, es «vaporizada», y nadie pregunta por ellos, ni aunque sean familiares, pues eso ya podría considerarse como un signo de disidencia.

Intimidación con la tortura

La lectura de 1984 se hace más y más trabajosa conforme avanzan los capítulos, y llega un momento en el que solo se aguanta porque se va intuyendo la rebelión del protagonista, de Winston Smith. Pese a la virtual perfección del sistema de control del Partido, todavía queda algo de humano en muchos individuos, algo innato que les hace intuir que las cosas no están bien, que no siempre fueron así y que no tienen porque ser siempre así. Ese algo es a lo que el autor se refiere como:

 «La protesta muda de la carne y los huesos»

Como en Farenheit 451, un viejo intelectual será la clave (y aquí también la trampa), que incite a Winston a la rebelión. Ya habíamos visto que su humanidad no estaba destruida del todo, pues, signo conspicuo de debilidad, se compadeció de una joven que había sufrido heridas en el brazo tras un bombardeo. Winston aún tiene corazón y muestra un destello de amor cuando le dice algo impensable a la muchacha, algo incluso revolucionario:

«¿Te has hecho daño?»

Es algo que le confirma que ya se ha rebelado y que, al conectar con su humanidad, está andando hacia su perdición. Pero esa rebelión suya no puede ser más inocente. Solo consiste en vivir su amor por esa muchacha, que en secreto le ha pasado un mensaje todavía mucho más revolucionario:

«Te quiero»

Winston quiere vivir ese amor en el espacio, aparentemente seguro, que les proporciona un cuartucho alquilado, sin telepantalla ni micrófonos. Su idilio será breve: una trampa preparada por el sistema, al que personifica O’Brien, que nos enseñará que la perfección del totalitarismo deriva de la aceptación consentida por parte de la masa de los principios básicos del miedo y la mentira. Pero para aquellos que se rebelan y para muchos otros que no, el sistema tiene preparada la guinda de la tortura. La tortura es la marca de la casa del totalitarismo y es la mejor prueba del poder del sistema sobre el individuo. La tortura ahuyenta pensamientos de disidencia y es capaz de tornar la mentira en verdad consentida. Cuando Winston ya ha sufrido indecibles tormentos, empieza a dudar sobre si dos y dos son cinco, pues algo en lo que todo el mundo está de acuerdo, aunque sea solo por el miedo al dolor,7 debe de ser verdad ¿No dicen los espiritualistas que el pensamiento es lo que da forma a la realidad? La tortura asegura y certifica la opresión omnímoda del gobierno, la muerte de la libertad, pues de otra forma: ¿Cómo podría estar el gobierno seguro de que el individuo está haciendo algo solo porque a él le gusta? No basta con la obediencia al: «haz lo que te digo». La tortura permite saber al opresor que el torturado hace lo que se le impone por miedo al poder del torturador, y por tanto permite afirmar el poder del sistema sobre el individuo más allá de toda duda.

1984: El reino de la mentira

Infografía: sistema de control social de 1984
El sistema de control social de 1984

A través del miedo se consigue que la gente crea lo que haga falta. Dos y dos ya no son cuatro, ni cinco, sino lo que el sistema diga, aunque sea lo contrario a lo que decía ayer. El miedo individual y el miedo grupal agregado, generan el relativismo total de la sociedad, no ya solo de los valores, sino hasta de las certezas aritméticas. Eso tiene un nombre: negroblanco, y responde al proceso llamado doblepensar; un proceso por el que, al hacer que el individuo entre en pánico, se consigue el control completo de la mente a nivel inconsciente, de forma que alguien así sometido puede sostener sinceramente una opinión y su contraria como perfectamente válidas. Se hace lo que sea, se dice lo que sea, se piensa lo que sea para sobrevivir. Orwell pinta una sociedad que ha logrado eliminar cualquier rastro de cariño en las relaciones entre la gente y que, con el apoyo del sistema de vigilancia total, ignorancia, guerra, propaganda, miedo y tortura, junto a la eliminación de la disidencia, es, en realidad, un infierno en vida. La mentira es la reina en un mundo en el que el ministerio de la paz se ocupa de la guerra, el ministerio de la verdad se ocupa de la propaganda y el ministerio del amor se encarga del control social por el miedo. 1984 es una sociedad infernal donde reina un orden maléfico que resulta del caos sembrado por el propio poder para autopreservarse en un golpe de estado continuo.8 En los individuos no queda ni rastro de lo que todavía hoy entendemos por conciencia, y si aparece un destello la vigilancia ubicua permite al sistema neutralizarlo en poco tiempo.

1984: Colusión de criminales

El gran perdedor de 1984 es lo que podemos considerar la clase media o la burguesía, que se ve oprimida desde arriba por el Partido Interior, y desde abajo por los sicarios de la delincuencia mafiosa. Cuando está ya detenido, Winston se sorprende de las buenas relaciones que hay entre los guardias de la cárcel, los perros del sistema, y los delincuentes comunes, las hienas del sistema. Ambos parecen compartir métodos y objetivos. De hecho, los cargos de confianza en los centros de reclusión de 1984 solo los ostentan los gangsters y los peores criminales, que forman una especie de aristocracia del lumpen. En 1984, la clase de criminales potentados del Partido y la canalla de los criminales de las mafias delincuenciales barriobajeras comparten objetivos y coluden en asociación de intereses, de una forma casi natural, en la explotación de la clase media, la única que a través de su trabajo mecánico (la creatividad se ha suprimido) aporta verdadera riqueza a un mundo gobernado por los parásitos de arriba, la cleptocracia, y encarcelado por los parásitos de abajo, la cleptoguardia.

La religión de 1984: satanismo ateo

Winston escucha como O’Brien justifica así la tiranía:

«El Partido, INGSOC, tiene que llevar las riendas porque los hombres de la masa son criaturas débiles y cobardes que no pueden soportar la libertad, ni encararse con la verdad, por eso deben ser domeñados y engañados sistemáticamente por otros hombres más fuertes que ellos. La humanidad solo puede escoger entre la libertad y la felicidad, y para la gran masa era preferible la felicidad. El Partido es el eterno guardián de los débiles, una secta dedicada a hacer el mal para lograr el bien, sacrificando su propia felicidad a la de los demás».

Y también O’Brien le da a Winston la definición de la tiranía perfecta:

«El totalitarismo perfecto no contempla al poder y a la tortura como medios para acaparar recursos o riquezas, sino como fines en sí mismos».

El Partido INGSOC ha establecido algo así como una modalidad de luciferianismo oscuro, de satanismo ateo, que se compone de: materialismo, individualismo, solipsismo, miedo, teatralización del odio, relativismo, elitismo… todo esto en un lugar siniestro en el que todo el mundo está asustado, sospecha del resto y hace lo que sea por sobrevivir. O’Brien dice que:

 «El poder es poder sobre otros hombres».

Y aclara bien que el ateísmo materialista es pieza clave de esta ideología cuando añade:

«El poder es Dios y nosotros somos sus sacerdotes. Fuera del hombre no hay nada y cuando éste desaparezca no habrá nada».

Efectivamente, el INGSOC es una organización atea, pero no hay nada de humanista en ella. Se ha convertido en un grupo criminales que funciona como una secta en la que ellos se han elevado a la categoría, no ya de gurús, sino de dioses: secuestran, matan, torturan y roban recursos cuando y donde les place. O’Brien, este despreciable hierofante ateo del poder continúa:

«Antes el mundo buscaba el amor y la justicia, pero 1984 es: un mundo de miedo, de ración y de tormento, un mundo de pisotear y ser pisoteado, un mundo cada vez más despiadado en el que el dolor crece. El futuro será una bota pisoteando un rostro humano»

1984: se supone que era solo una ficción

En fin, amigos, si alguien está apreciando parecidos razonables entre 1984 y la forma en la que se está desordenando nuestro mundo del siglo XXI, haría bien en volver a leer esta novela inspirada, profunda, desasosegante y cortante como un cuchillo herrumbroso y mellado. Pero daos prisa, porque en papel cada día se encuentra menos y también los Kindle tienen puertas traseras. Amazon borró miles de copias de 1984 en formato ebook que sus clientes habían pagado religiosamente y que, por tanto, les pertenecían legalmente. Cuando se airearon algunas quejas, el gigante respondió que no lo volvería a hacer…, salvo que se lo pidiera el gobierno.

NOTAS:

1 La que define algo diciendo no lo que es, sino lo que no es. Es una definición por poda negativa. Ni apofático ni apófasis son palabras reconocidas por el diccionario de español, pero se usan con frecuencia en ciertos ámbitos del conocimiento.

2 Más que evidente referencia a Ingeniería Social.

3 Zombi ya está recogido en el diccionario de español de la RAE como atontado, o que se comporta como un autómata.

4 Grupo de funcionarios de alto nivel que controla el poder. Interior hace referencia a que están ocultos, nadie sabe identificarlos y por tanto pueden estar en cualquier lado.

5 Ataques indiscriminados con drones contra la población.

6 Se construye la memória histórica a medida.

7 Hoy sabemos por experimentos sociológicos que ni siquiera es necesaria la tortura para esto. Basta con la presión del grupo.

8 Ordo ab caos

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