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Cuba, España, Cataluña

Cuando Cuba era autonomía española

Entre los años 1808 y 1825, mientras en la península se sucedían las guerras de la independencia contra el invasor francés y las de liberales contra absolutistas, todos los territorios españoles en el continente americano, salvo las islas caribeñas de Cuba y Puerto Rico se liberaron del control de la península y se constituyeron como repúblicas independientes mediante guerras de secesión, guerras por cierto de inusitada crueldad en territorios que antes siempre habían presumido de fidelidad al rey de España. En el caso de Cuba, la situación se prolongó hasta bien pasada la mitad del siglo XIX, cuando aprovechando que otra vez la península estaba entretenida con la revolución Gloriosa de 1868, los separatistas cubanos comenzaron la llamada guerra de los diez años. Las condiciones sociales de la isla eran manifiestamente mejorables y respondían a un sistema productivo todavía de base esclavista. Los intentos de abolición que en su día se produjeron con la Constitución de 1812 habían quedado en nada, principalmente por oposición de las propias oligarquías criollas de Cuba, y algunas medidas encaminadas a la liberación que se fueron ordenando desde la península durante los años siguientes fueron consecuentemente ignoradas, como casi siempre ocurrió con las órdenes Reales, ya desde los tiempos de Isabel y Fernando.

El Estado español mostraba, a finales del siglo XIX, una debilidad preocupante y es que desde 1808, aparte de perder el grueso de las provincias americanas, se vio arrasado por la invasión francesa (la gabachada y el indecente pillaje cometido durante la ocupación y la retirada), devastado luego por las guerras entre partidarios y oponentes a Fernando VII (con más miles de franceses invadiendo otra vez la península), vuelto a devastar a la muerte del rey felón por las guerras carlistas que se prolongaron hasta el final del siglo, atracado por el bandolerismo rampante en sus malos caminos, yermo por la continua pérdida de población que emigraba a América, y con los resortes del poder ocupados por camarillas mafiosas de oligarcas que hacían y deshacían golpes de Estado, pronunciamientos, revoluciones, traían y llevaban reyes, creaban repúblicas y asesinaban líderes como Prim, Cánovas y Canalejas… ¡Uffff! La historia de España en el siglo XIX y hasta la guerra civil de 1936-39 se debe de parecer bastante a la tierra quemada que dicen que hay en el infierno.

Pasada la guerra cubana de los diez años (1868-1878) y derrotados los separatistas, se emprendió la reespañolización de Cuba, desgajando de la península, ya bastante despoblada después de las expulsiones de judíos y moriscos, después de varios siglos de emigración a América y después de varias décadas de las guerras citadas, entre medio y un millón de almas. Pero pese a todo esto, Cuba no se pacificó, y en 1895 se vuelve a producir el levantamiento armado de los independentistas cubanos, que termina sofocándose otra vez, más o menos, con la concesión de una amplia autonomía a la isla que entró en vigor el 1 de enero de 1898. En España, la autonomía cubana se aceptó porque se pensó que apaciguaría de una vez a los separatistas, pero los separatistas cubanos ya no querían nada que no fuera la independencia y dejaron claro que no se iban a conformar con menos.

La Habana, Barcelona
La Habana es Barcelona con mas negritos, Barcelona es La Habana con mas…

Intereses externos en desgajar Cuba de España

Llegados a este punto hay que darse cuenta de una cosa. Si algo había quedado claro en todo este conflicto era la superioridad aplastante del ejército español sobre las bandas de indepes cubanos. ¿Cómo es, entonces, que al final Cuba se independizó? Pues porque había factores externos, distintos a los independentistas cubanos y a España, que estaban muy interesados en la separación forzada de la isla, gran productora de productos muy demandados, como el azúcar y el tabaco. Ya a comienzos del siglo XIX, Usa había mostrado su interés por incorporar a Cuba a la Unión y durante toda la centuria estuvo haciendo intentonas de compra con embajadores y agentes en España y «apoyando» a los movimientos rebeldes en la isla; de otra manera, no se entiende cómo los indepes se recuperaban de hombres y armas después de asumir derrota, tras derrota, tras derrota. Entre tanto, Usa trabajaba también el terreno de la propaganda y de la opinión de las masas, acusando a España de incapacidad para gobernar y quejándose de que con el conflicto cubano, ese que Usa misma estaba alimentando y manteniendo con su apoyo a los levantiscos, España le estaba creando un problema en su zona de influencia. ¡Ojo al dato, Honorato! Te meto la comida a la fuerza con un embudo, pero te acuso de tragaldabas.

Ese «problema cubano» terminó por «causar» la explosión de acorazado usano Maine en el puerto de La Habana, que había ido allí en señal de buena voluntad ¡oh casualidad!, justo antes de que se celebraran las primeras elecciones autonómicas en Cuba. El aparato propagandístico de Usa atribuyó el incidente a un atentado de España. Esto nunca se probó. España siempre lo negó, y verdaderamente tenía cosas mejores que hacer que provocar a Usa para que tomara parte y ayudara a los indepes cubanos, la clase criolla adinerada, a ganar de una puñetera vez una guerra que siempre habían perdido de largo. Los españoles nos convertimos, de un día para otro, de amigos de corrida de toros y verbena de los marines del Maine, en el bruto español de la famosa caricatura. En fin, la voladura del Maine fue el detonante de la guerra con Usa e hizo imposible «de facto» la instauración de la autonomía en Cuba. A finales del año 1898 se firmó el Tratado de París, en el que aceptando todas las imposiciones usanas, Cuba fue cedida por España, acompañada de Puerto Rico (pobre convidado de piedra en esta fiesta), y de Guam. Filipinas fue vendida. Y todo esto con mucho miedo de que el gigante no se nos quedara también con, entre otros, las islas Canarias.

Si la historia de Cuba desde entonces ha sido mejor o peor de lo que podría haber sido si hubiera seguido como región autónoma de España, solo el cielo lo sabe y habrá opiniones para todos los gustos. Supongo que en Cuba, la gente, mayormente, estará más contenta con su independencia, aunque eso les costara ser chacha de Usa durante décadas, luego chacha de la URSS y sufrir ahora la luminosa miseria típica del comunismo. No sé si es esto lo que tenía planeado Martí, pero yo diría que a juzgar por el Manifiesto de Montecristi, no. La Cuba que recibía emigrantes españoles por miles y que iba a ser de los cubanos y para los cubanos, pasó a echar de su suelo a miles y miles de cubanos que se exiliaban en Miami o se venían pa’ España. Pero mira, a quién Dios se la dé, San Pedro se la bendiga: para separatas e indepes, cualquier cosa es buena con tal de no tener nada que ver con España, salvo recibir dinero suyo mientras nos llaman ladrones, claro, faltaría más. Nos ha jodido mayo.

Cataluña, ¿cómo Cuba?

Digo todo esto, porque a poco que uno mire la historia de nuestra querida España, se apercibe de que la gabachada de 1808 arrancó un proceso centrifugador que, visto lo visto en la Cataluña de hoy, dan ganas de aventurar, y duele decirlo, que podría no haber terminado. Pero además en el caso del separatismo de Cataluña se dan paralelismos muy sospechosos con el de Cuba. Si en Cuba no existía independentismo en 1825, (y de hecho fue receptora de muchos Realistas españoles que huían de las renacidas repúblicas de América del Sur, donde en Venezuela, por ejemplo, Bolívar mandó no gastar balas y machacarles la cabeza con piedras) en Cataluña el independentismo ha pasado del 10% o menos en 1978 al 40% o más en 2018. Al igual que en Cuba no fueron los esclavos y los libertos los que encabezaron las guerras de liberación, sino las oligarquías criollas propietarias de las haciendas, en Cataluña son ciertos sectores de las oligarquías regionales los que están conduciendo el proceso. El desprecio por las consecuencias reales e inmediatas y por el empobrecimiento generalizado es similar en ambos casos. A ambas oligarquías les interesa sobre todo, reinar sobre lo que quede, aunque sea el infierno. Si Martí hacía un llamamiento al alzamiento solidario de cubanos y españoles por una nueva Cuba, Junqueras apelaba a la solidaridad de los «pueblos de España» en su discurso del trágala posterior a la DUI. Como Puigdemont ha constituido ahora el esperpento del Consell de la República Catalana con sede en Bruselas, Cuba constituyó la República en Armas, con sus presidentes y todo. Si España era en 1898 un Estado moribundo e inane conducido por gobiernos cuya corrupción era épica, ahora lleva años demostrando una debilidad increíble ante amenazas tan serias para su integridad como el adoctrinamiento antiespañol en las escuelas y en los medios, y siendo conducido por gobiernos que también hacen sus cabriolas con la corrupción. Si la autonomía de Cuba no sirvió para contentar a los independentistas, la de Cataluña es rechazada de pleno por los secesionistas que ya solo quieren independencia. Como en 1898 se hacía propaganda en los medios del mundo anglosajón contra el mal gobierno español en la isla, hoy el mundo anglosajón sigue tan falto de interés por la verdad como entonces, y sigue cargando las tintas contra España y a favor de los separatistas.

España, ingenua, pisa terreno inestable

Las oligarquías separatistas catalanas saben muy bien lo que están haciendo y han cruzado su Rubicón particular, como las cubanas cruzaron el suyo en 1868. No van a volver atrás. España, aunque no se dé cuenta mientras mira si el Barsa gana la liga y el Madrí es otra vez campeón de Europa, pisa terreno tan incierto o más que el que pisaba en 1898, confiada en la legalidad internacional. Estamos en la UE y en la OTAN. Sí. La legalidad internacional está de nuestro lado. Sí. Pero también lo estaba en 1898. Cuba y Puerto Rico nunca habían sido otra cosa que España y sin embargo nos las birlaron, como a un dominguero le birlan la merienda. Al igual que el separatismo cubano, el separatismo catalán sabe que la fuerza del tren español es mayor, por eso busca desesperadamente apoyos internacionales. Y si encuentra uno del calibre del que Cuba los encontró en Usa, las cosas pueden cambiar rápidamente de la noche a la mañana, como cambiaron con la explosión del Maine. El mundo actual cambia a pasos agigantados y a veces un solo día basta para redibujar el mapa entero, como pasó con el 11S.

De la Nación Española de 1812 a la España plurinacional de PSOE y Podemos

Nuestro mayor socio y aliado de hoy en la OTAN es el país más fuerte del mundo, pero no olvidemos que hace poco más de un siglo nos tendió una trampa calculada y malévola de guerra y propaganda para sisarnos Cuba, Puerto Rico y Filipinas. ¿Qué podría ocurrir con Cataluña y el País Vasco si en algún momento esa alianza se debilitara por algún motivo, por ejemplo inestabilidad interna del gigante? Si el vínculo entre Usa y la OTAN se quiebra y ya no sirve ni doblar el espinazo en los aeropuertos, al estilo Piqué, ¿quién puede garantizar que dentro de cincuenta años no tendremos una República Catalana pro-rusa y una EuskoRepublika pro-china? Oyendo, por ejemplo, al señor Aitor Esteban, o a la señora Gabriel, uno concluye que para un separata catalán o vasco, ser chachas independientes de Rusia o China sería una opción mucho más deseable que ser la región autónoma más rica de una España próspera. España no puede perder de vista que hay intereses extranjeros muy fuertes que siguen haciendo propaganda pro-separatista, con agentes destacados y medios importantes que están dando la cara durante este proceso. El mundo de los medios anglosajones, y de la educación de base anglosajona, sigue sembrando básicamente la misma propaganda que en 1898, o sea, que España es una especie de error histórico que se ha de borrar y que el futuro ideal del proyecto constitucional de 1812 que iba de Alaska a Filipinas, es un conglomerado de miniestados fallidos, como ya lo es América del Sur, y como lo podría ser una España desaparecida y convertida otra vez en lo que era en el siglo XIII. Por cierto, parece que la España plurinacional que propone Podemos va en ese sentido.

Latinoamérica y la falsa doctrina Monroe

Ya es hora de aclarar que la así llamada «doctrina Monroe», que dice: América para los americanos, es tan hipócrita como el cartel del bruto español y como el resto de la propaganda anglosajona. Lo único que la doctrina Monroe quiso siempre es que España, el país que descubrió, cristianizó y civilizó el continente (digo civilizar en términos modernos, con el reconocimiento de los errores cometidos, y con respeto a las culturas y lenguas precolombinas, que en la América hispana siguen, al menos, existiendo, ¿por qué será que en la anglosajona no, por qué será? ¡Ah! Eso no le interesa a los medios anglosajones), no tuviera territorios en América y pasara a la historia como un problema ya eliminado. Parece claro que a Gran Bretaña, Francia y Holanda, que nos piratearon islas del Caribe a mansalva, no les aplica la doctrina Monroe. Pero estoy diciendo América hispana, perdón. Hoy hay que decir latinoamérica. Bla, bla, los grammies latinos, y bla, bla, la literatura latinoamericana, y bla, bla. Ah, pero ¿Vargas Llosa escribe en latín? ¡Hombre! Qué orgulloso estaría Cicerón si levantara la cabeza.

La guasa de lo latino
Tiene guasa lo «latino», que lo iban a matar… interfecturum erat

El process disgregador sigue adelante a toda máquina

Los dirigentes separatistas de Cataluña han demostrado estar dispuestos a echarse en manos de quién sea con tal de sacar a la región de España. Si sus mentiras encuentran eco, como ya lo están encontrando a tenor de los reportajes y las informaciones sobre el referendum-trampa del 1-O 2017, y si nuestros «aliados» muestran el mismo celo para ayudarnos que la democrática Bélgica, ya solo faltaría un nuevo Maine para que el mundo entero se nos eche encima otra vez y un nuevo gobierno corrupto al frente de un Estado endémicamente débil opte por la vía Sagasta para no perder el poder de lo que quede, entregando al paso a las islas Baleares como hubo que entregar Puerto Rico.

Si el combustible del proceso disgregador que ahora se muestra abierto en canal en Cataluña es la rapacidad de las oligarquías regionales, su oxígeno es la asombrosa pusilanimidad del Estado, que para más ironía se acompaña ahora de un rey que por primera vez en siglos tiene las cosas claras, pero no tiene poder para nada. Pero esta pusilanimidad del Estado es solo comparable a la ignorancia que los españoles mostramos sobre nuestra historia. Acomplejados como estamos por lo que los libros llenos de propaganda antiespañola dicen que nuestros antepasados hicieron, somos víctimas fáciles de la culpabilidad y nos tragamos todos los cuentos de la leyenda negra. Mientras tanto, el proceso de separación de Cataluña y el País Vasco de España sigue adelante en silencio o a gritos, sin dar nunca un paso atrás, trabajando día a día las mentes de los niños en las escuelas, de los adultos en la TV, acaparando puestos de funcionarios regionales, de maestros, de medios, y todo mientras el propio Estado Español se lo financia y los separatistas nos acusan al resto de españoles de robarles. Ninguna medida ha sido prevista en el 155 para remediar estos males.

La huida de Puigdemont a Bélgica se parece al exilio de José Martí a Usa. Es una huida para evitar la cárcel, claro, pero también para recabar ayuda exterior, reorganizar y coordinar fuerzas, seguir difamando y hacer propaganda antiespañola. Si José Martí preparó la guerra definitiva para no cometer los errores de la guerra de los diez años, Puigdemont se organiza para que la próxima declaración de independencia sea la definitiva, la que traiga por fin la República Catalana, a la que supongo que seguirá en cascada la EuskoRepúblika y quizás no se deba descartar que, como ya pasó en la Primera República, el cantón de Cartagena pida otra vez su ingreso como estado 51 de Usa. Peores cosas se han visto y en peores plazas hemos toreado. Por si acaso, Podemos e Izquierda Unida ya han pedido que se deroguen los artículos del código penal que castigan las agresiones verbales al rey y a los símbolos del Estado. Se empezaría por agredir a los símbolos del Estado nacional, para pasar después a que se agredan los miniestaditos plurinacionales y finalmente agredirnos unos a otros libremente, y traer la regolución que los comunistas persiguen para cambiarlo todo, o sea, para quemar la tierra y llevarnos a ese futuro glorioso de miseria compartida que siempre ha sido el núcleo de su proyecto.

Comments

This post currently has 2 responses

  • Me parece una exposición sesgada de los hechos. Una interpretación en clave española y que establece una comparación con dos hechos en contextos históricos poco comparables. Ahora bien, cualquier interpretación histórica de unos hechos tiene sesgos. La posición de partida (el subconsciente) induce a una u otra interpretación de lo mismos. Nunca se es completamente libre.
    En cuanto al conflicto España – Catalunya me gustaria hubieras tenido en cuenta los hechos relacionados con la negociación del Estatut del año 2006. Es conocida la reacción del PP y la sentencia al respecto del TC en al año 2010. El catedrático Pérez – Royo de la U de Sevilla lo ha expuesto mucho mejr que lo quisiera. Fue un golpe de estado a un marco de relación entre España y Catalunya previsto tanto por la Constitución del 78 como en el Estatut. Añadase a ello la pobre respuesta política a una discrepancia entre legimitidades. Y aquí estamos.
    Añado además la constante y repetida posición de España en el seno internacional. Una argumentación, a mi entender, de que “nadie nos quiere y los demás se aprovechan de nuestra debilidad”, nunca favorece a una autocrítca necesaria y pone de manifiesto que el concepto de España bebe de tiempos pasados; de gloriosas gestas y conquista que hoy, en pleno s. XXI no son más que un apunte histórico. Vivir de glorias pasadas no es bueno para nadie, ni para mí ni para cualquier colectivo.
    Y para finalizar, siempre he creido que un sistema democrático se crea para dar respuesta a crisis, así en indeterminado. Y no existe evolución sin crisis, El parlamentarismo se ofrece como una herramienta para sobreponerse a crisis. El culto a la ley, como el culto a la religión, no son más que cortapisas a la superación de dicha crisis.
    Es mi opinión, libre como cualquier otra, mejor o peor argumentada, pero sin duda un paso para superar el bache. Y ojalá no sea el único.
    Un cordial abrazo

    • ¿Que el caso de Cuba no es comparable al de Cataluña?
      Entonces los múltiples parecidos que expongo en el video ¿que son? Casualidades. No admito que descartes todas esas similitudes diciendo que 1898 y 2018 son contextos históricos no comparables. Al revés, son terroríficamente parecidos. Son dos estadios contiguos del proceso de descomposición territorial de España, que después de cerrarse con Franco, se reabrió con el absurdo Estado de las Autonomías. Y por cierto, varios días después de publicar mi artículo y video, el cubano que lleva el Diario de La Marina, comentó exactamente lo mismo que yo: los indepes catalanes están siguiendo el esquema cubano. ¿Por qué? Porque a los indepes cubanos les funcionó.

      ¿Opinión sesgada en clave española?
      Soy un ciudadano español que se defiende a nivel particular, en mi web, que me cuesta mi dinero, de una agresión «indepe» que quiere quitarle sus derechos en una parte del territorio que, según la legalidad vigente, sin rendirle culto, todos los españoles compartimos proindiviso. ¿En qué clave quieres que escriba sino en clave española? ¿Que quieres, que me ponga equidistante en plan obispo vasco? ¿Qué es para ti una opinión neutral? ¿TV3, o El Periódico, o La Secta, o El país, o incluso Televisión Española, dónde cada noche piden perdón por ser españoles y nos abochornan diciendo si llueve o no en «Yeida» y en «Chirona»? ¿ O The Guardian, o la BBC, donde están encantados con la idea de que España se siga desmonronando y animan cada día al diálogo con los golpistas? ¿Eres de los que crees que esto se arregla dialogando? Si una banda de matones te ocupa el piso ¿tú qué propones? ¿Dialogar, no? ¿O quizás invocas la ley, esa horrible ley española para que te defienda?

      ¿Tiempos pasados y gloriosas gestas?
      Si no conoces lo que fue España en el año 1800, como así parece, harías bien en informarte, pero ya que el sesgo te incomoda, mira en fuentes neutrales. Como eso, según tú, es imposible, mira al menos en fuentes que no estén sesgadas del lado de la historiografía anglosajona. Puede parecer imposible, pero van saliendo casos. Léete primero la «Propuesta para humillar a España» de 1711, consulta a historiadores como Patricio Lons, o Julio Carlos González, y aprende de viajeros protestantes como Humboldt, cuál era el sitio donde mejor se vivía del mundo a finales del siglo XVIII…La España americana. Lee Imperiofobia, de María Elvira Roca Barea, lee la Leyenda negra de Joseph Perez, y entenderás por qué las élites españolas, incluido el Pepé, son antiespañolas. Yo no quiero vivir del pasado, pero no me da la gana tragarme la mentira muy actual de que soy heredero de un explotador de indios que se llevó el oro de América, ni la trola diaria de que soy un español que roba a los indepes catalanes, ni el desprecio común de que soy de calidad racial inferior a la de un indepe catalán, ni la descalificación de que soy un facha por amar a mi patria. Todo esto es actual, no imaginaciones pasadas.

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