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    Cajón de sastre:

    Cuando llega el frío a Madrid

    Ilustración alegórica Iglesia de San Antonio de los Alemanes
    Mi fantasma, antes de entrar a San Antonio de los Alemanes

    Cuando por fin llega el frío a Madrid

    Salen viejos fantasmas a rondar las calles

    Se arropan con capas de apolillada lana

    Y ciñen espadones comidos por la herrumbre

    Estate atento al cruzar el portal

    Quizás te saluden con cortesía añeja

    Tocando un poco el ala de su sombrero

    Mientras se miran el humo de las botas

    Hay que fijarse bien en el aire tenue de las entrehoras

    Porque a la manera de los espectros de cuento

    Aparecen solo al alba y al crepúsculo

    Y se desvanecen al menor descuido

    En la esquina de Pez con Corredera

    Andando hacia San Antonio de los Alemanes

    Hice amistad en el invierno incipiente

    Con el decano de estos duendes

    Capitán que fue de los Tercios de Flandes

    Factoría deprimida para emigrados hispanos

    Que trabajaron en la fábrica de los Habsburgo

    Y se ausentaron del Siglo de Oro del solar patrio

    «Cementerio universal de españoles»

    Dijo el jefe del conceptismo barroco

    Sin ajustarse los anteojos y sin acordarse

    De médicos, de alguaciles ni de genoveses

    En San Antonio, el duende oye misa de maitines

    Y reza después con fervor por el Rey, por España

    Y por el alma de cierta dama a la que se declaró una vez

    El día del entierro del infante don Carlos

    No mucho más me pudo contar antes de evaporarse

    Dijo que el duque de Alba le pidió consejo una vez

    Y que don Juan de Austria estrechó su mano

    Poco antes de morir en aquel cuartucho valón

    Mi fantasma ignora que a él también se lo llevó el tifus

    Recién llegado de Gante, con sus planes de boda hechos

    Y me trata a mí como criatura fantástica

    Y al Madrid de hoy como sueño prolongado

    Deambula desde la chocolatería de Espíritu Santo

    Hasta la plaza de San Ildefonso y baja por don Felipe

    A Madera y Escorial. Hoy encontré su rastro

    Perdido en pergaminos del archivo de Simancas

    Rogelio Pintado Espinel, gran español que bregó en Lepanto

    Capitán de Tercios y pretendiente de doña Giomar Nutricia

    Muerto de fiebres tifoideas en mil quinientos ochenta

    Espectro que no encuentra reposo en los inviernos de Madrid

    Comments

    This post currently has 2 responses

    • Me gustan mucho estas historias que trenzan los hilos del pasado con los del presente más inmediato.
      Consiguen que entienda la vida no como una sucesión de fragmentos, sino como Una en la que todo sucede simultáneamente.
      Y eso, por alguna razón, me calienta el corazón como un abrazo, como un no estás sola: son todos contigo.
      Un placer leerte.

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