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    Cajón de sastre:

    Bien está un día nuevo

    Esto es lo que decía la carta que me encontré en el recibidor. La abrí porque no tenía remitente, y porque como destinatario decía simplemente: al propietario.

    Querido Agamenón:

    Bien está un día nuevo y dulce, sin hormigas en los churros

    Delicia de rutinas viejas y menciones por la radio a lugares comunes y extraños

    Sentir el hilo de pensamientos que llena mi mente de cosas tan necesarias como inútiles

    Para el propósito del universo, en siéndolo todo, no somos ni humo de papel cebolla

    ¡Vayan días y vengan ollas!

     

    La realidad del presente se nos escapa detrás del tener, del estar y del llegar

    ¡Todo parece tan importante que se nos sale por las orejas!

    Y sin embargo «lo real» son solo números y leyes matemáticas

    Son cosas ─y ya es mucho llamarlas así─ invisibles que casi casi, no están

    ¡Otros vendrán que bueno te harán!

     

    Somos herramientas de una conciencia que no es nuestra, ni del vecino

    ¿A que te has dado cuenta tú también, majete?

    El silencio es el fondo del universo; el ruido solo es la tos ocasional de Cronos

    El mundo real no se ve con telescopios y concentración, sino con los ojos cerrados y la mente en blanco

    ¡Hay tabaco en el estanco!

     

    Recita una fórmula mágica: eiπ+1=0

    La luz se hizo para un momento, la oscuridad para la eternidad

    El ruido aparece un instante, el silencio permanece

    La agitación es cosa de un rato, el reposo es lo que cuenta: la banca y la escañeta

    ¡El pantalón me aprieta!

     

    Estamos llevando todo al límite: prisas, devastación, fideos instantáneos

    No hay puerta de atrás hacia una vida en Xanadú

    Tiramos de la cuerda y somos conscientes de lo que nos jugamos

    La desaparición y la disolución de la conciencia aislada en la conciencia del todouno

    Si no entro yo, que no entre ninguno

     

    No es malo ni bueno, simplemente, es

    Lo que antaño fue, mañana no será

    Así es el tiempo, esas son sus reglas

    Jugar con ellas es existir, lo contrario es quizás peor

    El vino añejo me da sopor

     

    Alegría, verdad y bondad entran al mundo

    Por la puerta, que soy yo

    Un alma leve y soluble en café que volverá

    ¡Ahhh! ¿Quién sabe? Quizás, quizás. Pero olvidada de sí misma

    ¡Que importante es la carisma!

     

    Adiós, Agamenón.

    Tu amigo Domenikos Filognomos.

    PD. Recuerdos a la tía Petronila

     

    Lo curioso del caso es que ni yo me llamo Agamenón, ni sé quién leches puede ser ese Filomonos que firma la carta, ni la tía Petronila, ni el piano, ni la moto.

    Por si fuera un mensaje en clave y hubiera delito, ya le he pasado fotocopia a la Inquisición y ahora estoy mucho más tranquilo.

    ¡Ea!

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