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Planeta de exilio

Lo admito. Para ser un planeta de exilio, O-Beja no está nada mal. A la parienta y a mí empezaron echándonos de nuestro pueblo de siempre, Villanueva del Carajal, porque guisábamos caracoles en salsa algunos domingos. Sí, hombre, sí, caracoles a la manera de La Mancha manchega, con picante y chorizo. En aquella época ya estaba prohibidísimo por el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, que había declarado a los caracoles, y sobre todo a las babosas, animales sagrados. Aparte de dejarnos en la ruina, nuestro abogado se empeñó en que no aceptáramos nuestro destierro del pueblo y apeláramos al tribunal planetario. Y eso hicimos, pero en vez de rehabilitarnos, nos declaró blasfemos y profanadores irredentos y nos exilió, cito textualmente: “al planeta más desolado de los dominios terráqueos”.

Hay cosas que echo de menos de aquella época, por ejemplo las partidas de mus en casa del boticario, los jueves por la tarde después de la paella. Aquí en O-Beja no hay manera de echar un órdago y ya casi se me está olvidando como se hacen las treinta y una; de la real ya, ni les cuento. A mi mujer no le gustan las cartas y los mercaderes que pasan por aquí cada muerte de papa son gentes más de póker que de mus. Otra cosa que también añoro son las misas precongresuales que el párroco de Villanueva del Carajal, don Cimborrio, daba los terceros domingos de cada mes. ¡Ay Madre Santa que nostalgia de aquellos fiat voluntas tua que seguramente ya nunca volveremos a oír! Todo aquello ahora es parte de un pasado irrecuperable, distante en el tiempo y en el espacio, aquí, en este erial a más de una arroba de años luz de la madre Tierra.

Imagen figurada sobre tema espacial
La parienta y un servidor atareados en nuestro planeta de exilio, en el retrato del melonero de Beta Carinae

Super flumina Babylonis illic sedimus et flevimus: dum recordaremur tui, Sion.

Pero oye, ya puestos en faena, o sea, ya exiliados, insisto en que O-Beja es un planeta aceptable. Aunque si nos ponemos quisquillosos, planeta, planeta, lo que se dice planeta, tampoco es. Es un satélite del planetusco ese verdeazulón que se ve en la foto que nos sacó el melonero de Beta Carinae que pasó por aquí hace unos meses. En la Tierra lo llaman BolaK y es el segundo del sistema de Rigel, la pezuña de Orión. En BolaK no hay cristiano que aguante un minuto porque la gravedad es más de siete y eso, amigo mío, ¡ni los del mismo Bilbao! Pero aquí en O-Beja se está bien cómodo con sus llevaderos 0,89g. ¡Eh! ¡Ojo! Hay que trabajar duro para sobrevivir. Las ovejas que me dejaron traerme de Villanueva del Carajal son duras y se han adaptado de perlas a este terruño bermellón que, aunque un poco árido en apariencia, resulta ideal para la huerta, sobre todo para la triada básica del hortelano castellano, que es la única triada con cuatro elementos: tomate, pepino, cebolla y lechuga. ¡Vaya ensaladas que prepara la parienta con lo que sacamos del huerto! Ahora ya puedo contar también que metí en el cohete varias gallinas de contrabando y por eso tenemos huevos en abundancia. De las patatas, ni os cuento. Se crían que da gloria verlas y dicha comerlas. Es verdad que se extraña el lomo y la panceta, pero ya he apalabrao unos gorrinos hexapérnicos con un buhonero del sistema de Pegaso que a lo mejor me los trae el próximo otoño o-bejiano. Se parecen a los gorrinos de la Tierra de toda la vida, pero tienen seis extremidades y todo el mundo sabe que allá por los años finales del siglo XXIII una banda de ecoactivistas andorranos les incorporó material genético del gorrino ibérico español, por lo que su fama culinaria es ya legendaria en toda la Vía Láctea y parte de Andrómeda.

Aparte de esto, les cuento que mi mujer y yo recibimos con tristeza las noticias de la última oleada de revoluciones que empezó el año pasado en el viejo globo y se propagó rápidamente a Marte, a Titán y al resto de colonias terrícolas del sistema solar. ¡Vaya fregado que han preparado que hasta han hecho cachos a la pobre Luna! Ahora a ver quién es el guapo que pone orden en todo un sistema estelar sometido a la anarquía absoluta y a la ley de las mafias planetarias. ¡Hala majos, a buscar un nuevo Augusto que os meta en cintura! Os deseo suerte. Nosotros no tenemos motivo de queja. A la parienta y a mí no nos falta de nada aquí en O-Beja. Y los chicos ya se hicieron mayores y, gracias a Dios, están bien colocados. El muchacho está de ingeniero de minas en un satélite de Amera-5 y la moza es abogada del tribunal interestelar en la sede central esa que tienen en Aldebarán-8. A ver si un año de estos podemos juntarnos todos y alguno de ellos se presenta ya con algún nieto.

Por lo demás, todo bien. Aquí nos ven en la instantánea del melonero. A la parienta le ha entrado nostalgia de su viejo oficio de química y después de montarse un laboratorio en la cocina y tunear la aspiradora, anda tomando muestras del cieno ponzoñoso de las charcas locales para ver si le encuentra alguna utilidad práctica. Dice que a lo mejor se puede sacar fertilizante para la huerta. A mi se me ve con mi equipo de buceo casero y la horca de ahechar a punto de zambullirme en busca de caracoles autóctonos. No he renunciado a volver a mojar pan en una de esas sabrosas salsas que espero poder hacer dentro de poco con caracoles endémicos, chorizo de gorrino hexapérnico y una variedad mutada de pimientos de Padrón que también metí de matute en el cohete. ¡Me se cuiden, terrícolas!

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