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Los orígenes remotos del desdoblamiento de género en plural

Publio Tarugo Meloniano

Desprovistos ya del gran profesor Lápiz (DEP Pedro Sempson) y ante la pasividad del Ministerio de Educación, que está ocupado con lo de quitarle las reválidas a los muchachos para no agobiarlos, ante la indiferencia de la RAE, que ha tenido un año muy lioso con lo del aniversario de Cervantes, y ante la tibieza del Libro de las buenas maneras del ABC que centrado como estaba en las artes del buen zampar ignora el asunto olímpicamente, a principios del verano pasado decidí ponerme yo mismo a investigar por cuenta propia el asunto del desdoblamiento de género en plural. Para ello he estado escrutando el pasado de nuestra rica literatura patria en busca de antecedentes sobre este morrocotudo problema, el más gordo, de lejos, con el que la RAE se ha enfrentado en lo que va de siglo. Pues bien, la verdad es que no encontré nada en los clásicos, y eso que miré desde el Marqués de Santillana hasta don Juan Valera. Pero resulta que tirados en una papelera de la cafetería de los Museos Vaticanos, a donde acudí ex-profeso en agosto para comprar por encargo, no diré a quién, un rosario bendecido por el papa, encontré un fajo de papiros manuscritos que puede tener la solución a todo este enredo. Se trata de la historia del contratista de obras hispano-romano Publio Tarugo Meloniano, que vivió en tiempos de Séneca y que, como delegado de la Constructora Meloniana en Roma llego a ser cortesano accidental del emperador Claudio.

Meloniano era el hijo de un empresario bætico de la minería del lapis especularis, escoria yesífera popularmente conocida como «espejillo». La gens Taruga, cuyo origen remoto parece que era carpeto-vetónico, se había romanizado ya hasta las orejas en la época de Augusto y controlaba la explotación del espejillo peninsular y su exportación a Roma, que reportaba pingües beneficios a la empresa familiar.

En mis estudios de los papeles vaticanos he podido averiguar que el joven Meloniano fue enviado a Roma por su padre con el delicado encargo de transportar por mar desde Cartago-Nova hasta Ostia un gran envío de espejillo y de coordinar su montaje en todos los ventanales del imponente palacio imperial que la familia julio-claudia tenía en la colina del Palatino, cuyas obras de ampliación y mejora se habían licitado en el cuarto año del reinado de Calígula y cuyo concurso internacional había ganado la Constructora Meloniana con una baja del 87%. Se ve que los pliegos de bases del los romanos no contemplaban el concepto de baja temeraria, pero también se aprecia que la pujanza y la estrategia comercial agresiva de las constructoras hispánicas viene de lejos.

Imagen de los palacios imperiales del Palatino en Roma
Meloniano se había hecho este croquis destacando en color la perspectiva de los palacios imperiales del Palatino, junto al Circo Máximo de Roma.

Meloniano en Roma

La casualidad quiso que Meloniano llegara a Roma justo el día del asesinato de Calígula y debido a los tumultos que se ocasionaron hasta la proclamación de Claudio y a la subsiguiente caída en desgracia del que en la capital del imperio iba a ser su valedor, el también hispano, amigo de la familia y accionista secreto de la Constructora Meloniana, Séneca, nuestro hombre se vio solo, desamparado en la gran urbe y sin acceso a los círculos del poder del nuevo emperador.

Inasequible al desaliento, el agresivo ejecutivo hispano tanteó sin éxito a varias familias de antigua raigambre peninsular, Lucano y otros dos o tres descastados, que le dijeron, más o menos, que verdes las habían segado, porque al nuevo emperador Claudio, todo lo hispano le provocaba tirria. Pero un día Meloniano fue a que le hiciera el horóscopo un tal Barbilio, que a la sazón era también el astrólogo de Mesalina, la entonces mujer de Claudio. Barbilio era un tipo con debilidad por la buena mesa al que Meloniano agasajó como solo un constructor hispano sabe hacerlo, y estos favores le granjearon la deseada audiencia con el emperador durante el estío del año 42, en la villa de verano que éste tenía en Capua.

Temeroso de que Claudio quisiera abortar el proyecto de reforma de los palacios imperiales del Palatino y rescindir el contrato y conocedor de su gusto por la renovación del alfabeto y la gramática latina, Meloniano no encontró mejor tema de conversación para romper el hielo durante la audiencia, que el de sugerirle al emperador un truco para disimular la tartamudez que, en las grandes ocasiones, discursos, arengas, laudatorios, elegías y lecturas públicas de sus obras, era verdaderamente conspicua y hacía enrojecer de vergüenza al pobre Claudio, que bastante fama de tonto, y de forma harto injusta, por cierto, había arrastrado ya a sus cincuenta y pico de años.

Las memorias de Narciso

Narciso, el por entonces secretario personal de Claudio, y autor supuesto de mis papeles vaticanos, aunque todo puede ser que se trate de un pseudo Narciso, ha dejado claro testimonio en sus memorias de la conversación que aquella tarde tuvo lugar entre Meloniano y Claudio.

–Yo os sugiero, alteza– dijo Meloniano– que os acojáis a un viejo uso del ancestral idioma íbero, que hablamos los nativos de Hispania. Se trata de una variación discursiva que consiste en hacer énfasis en los cuatro posibles géneros del nombre referido. Esto ayuda al orador a reforzar la idea, a cimentar la auto-confianza oral, pues es poco probable errar al repetir cuatro veces un concepto recién pronunciado, y a ganar tiempo para elaborar mentalmente la siguiente frase. Nuestro gran caudillo Viriato, sin ir más lejos, la usaba abundantemente, según se aprecia en sus renombrados Discursos lusitanos(1).

–Ccua, cua, cua– graznó el pobre Claudio antes de auto abofetearse y concluir– ¿Cuatro géneros?

–Cuando sea posible: masculino, femenino, neutro e incierto– aseveró Meloniano– Y cuando no, al menos masculino y femenino.

–¿Aaapo, po, po? –volvió Claudio a las andadas, antes de golpearse la rodilla– ¿Por ejemplo?

Ni corto ni perezoso, y tras encaramarse a un pedestal cercano para compensar su estampa algo chaparra, Meloniano se lanzó a improvisar un discurso que hiciera su propuesta comprensible a los oídos del emperador. Y dijo, según transcribe literalmente el Narciso, o pseudo Narciso, o lo que sea:

–Ciudadanos romanos y ciudadanas romanas: como emperador vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a dar.

Más de un par de ojos se arquearon en señal de sorpresa ante la campanuda voz de Meloniano. Una dama algo gorda que cenaba asobinada en un triclinium casi se asfixia al atragantarse con el hueso de una ciruela pasa de antaño y algunos ex cónsules que se jugaban los sextercios a la taba en una mesa adyacente dejaron la partida para atender al incipiente discurso del encendido orador hispano que, según dice Narciso, hablaba latín con abultados errores gramaticales, señalados patinazos semánticos y con un horrible acento hispano (probablemente el mismo que ochenta años más tarde haría famoso a su compatrioto Adriano).

Imagen de Meloniano en Capua
No me pregunten cómo es posible, pero esta foto estaba entre los papeles vaticanos, y creo que el orondo señor de verde es el mismísimo Meloniano en Capua. Detrás están Claudio, su hija Octavia, de pie, y su mujer Mesalina, sentada leyendo algún horóscopo de Barbilio.

El discurso Meloniano

–Este nuevo tributo y esta nueva tributa que hoy os endilgo–continuó Meloniano, con engreimiento imperial y recordando que Barbilio le había dicho que Calígula había dejado el tesoro imperial tiritando y que Claudio necesitaba subir los impuestos con urgencia–viene de los tiempos del cenutrio de mi sobrino Calígula y grava la tenencia de caballos y la de caballas. Pero no os preocupéis porque no pienso tasar la tenencia de libros, ni la de libras, ni la de libres, ni con cargos, ni con cargas, ni en la casa, ni en el caso, ni durante un rato, ni durante una rata. Os aseguro también que no devaluaré la moneda de plata, ni la de plato, mezclándola con cobre, ni con cobra, ni con cobro, y os hago saber así mismo que todo el que se pase y toda la que se pose por el templo del augusto Augusto y de la augusta Livia, será invitado y será invitada a copas y copos de vino. Habrá cochinillos y cochinillas, tostas de huevas y tostón de huevos, rayas y rayos a la olla y al hoyo. Espero que todos y todas se comporten como romanas formales y como romanos formoles, y no dejen el templo hecho unos zorros y unas zorras.

Esto fue lo que el diligente pseudo Narciso dejó registrado en sus memorias y lo que nos aclara ahora, dos mil años más tarde, que este rasgo de corrección política en el lenguaje español llamado desdoblamiento de género en plural, enraíza en una peculiaridad semántica del uso y abuso que los políticos ibéricos como Viriato ya hacían de las lenguas peninsulares primitivas. Este rasgo se ha mantenido larvado en nuestro inconsciente colectivo de hispanos durante al menos dos milenios, para resurgir con fuerza en el habla de los nuevos Melonianos y las nuevas Melonianas de hoy.

Narciso cuenta que al oír los desaforados latines de Meloniano, a Claudio le entró un ataque incontrolable de risa de hiena, cosa muy extraña en un hombre de habitual carcajada jojiana (tipo Papá Noël diríamos hoy, o sea: hou, hou, hou) y que durante el resto de la velada, entre la tartamudez y la hilaridad, no solo no pudo pronunciar media palabra a derechas, aunque se le oyó murmurar varias veces y entre risotadas unos cuantos: «omni Romani Romanaeque, omnis Romanorum, Romanarumque», ni pudo cenar debidamente sus níscalos, glotón como era, ni jugar a la taba con los ex cónsules, sino que incluso por un momento pensaron que se ahogaba de los espasmos y tuvo que ser atendido por el gran médico Hermógenes, que le hizo beberse, muy en contra del gusto del emperador, una repugnante tisana de hoja de ortiga.

El cura de mi pueblo sabe latín

No sé si el pobre Meloniano logró los contratos de suministro de espejillo para el palacio del Palatino, pues todavía no he podido traducir todos los papeles de Narciso. Pero lo que sí puedo confirmar es un segundo descubrimiento filológico que resulta de la lectura de estos papiros vaticanos. Y es que el secretario imperial remató las notas de aquel día con una frase al margen que tiene un valor filológico quizás mayor que el del origen del desdoblamiento de género en plural, pues documenta el uso habitual en el latín clásico de una expresión que también ha atravesado los siglos de historias, guerras y civilizaciones peninsulares para asentarse como una de las de más solera del castellano moderno. Narciso puso, en el original en latín:

Melonianus ille, stultior est quam frutex fabarum

El cura de mi pueblo, que se llama don Reservorio, algo enfadado cuando lo interrumpí en su partida de mus que siempre echan los jueves después de la paella en casa del sacristán, con el médico, el alguacil y el juez de paz (sí, en Villanueva del Carajal todavía pasan estas cosas, gracias a Dios. Juegan siempre mus de dos contra dos: el cura y el médico contra el alguacil y el juez de paz, o como ellos dicen, la intelectualidad contra los poderes fácticos) me tradujo la sentencia anterior con un críptico:

–A ese Meloniano le pasa lo mismo que a ti.

–¿Pero qué le pasa?–le insistí.

A lo que me respondió con un hiriente pero certero:

–Que es más tonto que una mata de habas.

Ignorando las habituales pullas de don Reservorio, le pedí por favor que me tradujera por entero los papiros de Narciso, pero salió por donde siempre con las quejas sobre la frecuencia de mis confesiones y me mandó amablemente a escardar cebollinos, que por cierto es lo que hice a renglón seguido pues principiaba mayo y el plantel lo pedía. Así pues la traducción del resto del documento es mía, que aunque sé bastante menos latín que Meloniano, pues nunca lo estudié, me suena mucho el retintín porque los terceros domingos de mes don Reservorio celebra misas precongresuales de asistencia obligatoria. Además como no veo la tele, tengo un montón de tiempo libre y he podido dedicar al asunto todas las tardes del último mes, después de las faenas del campo. Me he ayudado de un viejo misal bilingüe que le birlé de la sacristía al tacaño del cura, y he tenido en cuenta el trazo derrotero de Narciso y que Capua está según bajas de Roma a mano derecha.

Y creo que con esto queda por fin respondida la pregunta que está sembrando la discordia entre la intelligentsia española: ¿Es cursi decir “los españoles y las españolas”? Pues ni cursi ni nada. Es simplemente una cosa inevitable, una condición, una enfermedad, porque al estar en el sustrato de las lenguas peninsulares desde tiempos de Viriato, ha permanecido en el ánimo intemporal de los moradores de la piel de toro, quizás en forma de virus espiritual. Ahora bien: ¿Por qué se contagia de forma preferente a los personajes públicos de perfil progresista ? Esto puede deberse a que el virus espiritual está alojado en un pliegue espacio-temporal desplazado unos segundos en el futuro y como los progresistas van por delante de los tiempos, ellos se contagian, pero los populares no, porque son unos carcas. Habrá que esperar a que se pronuncie la mesa de expertos de Íker en Cuarto Milenio, pero mientras tanto, los poderes del Estado podrían ir haciendo algo rápido y eficaz para frenar esta epidemia antes de que terminemos todos y todas más atontados y más atontadas que Meloniano. Y si no que alguien mire a ver si entre vinos y solomillos hay una explicación alternativa en el Libro de las buenas maneras del ABC, que todo puede ser. Y chimpún.

(1) Esta es otra aportación original a la historia de la literatura que viene como consecuencia de mis papeles vaticanos. Soy el primero que ha desvelado que Viriato escribió un texto denominado Discursos lusitanos, en idioma íbero.

Preguntas y respuestas

P-Y si esto ha estado en el sustrato anímico ese durante dos mil años, ¿cómo es que el rey de ahora nunca lo dice en sus discursos? Américo Responsal. Chirona.

R-Pues porque los ancestros de estos reyes que tenemos ahora vinieron de Francia y un poco de Italia en el siglo XVIII y están libres del gen carpeto-vetónico, que parece que junto a la ideología progresista son condiciones sine qua non para el contagio. Espero que salga pronto de chirona, don Américo.

P-Por eso quizás los políticos vascos son tan dados a este síndrome. Al fin y al cabo allí todos, incluido el peneuve, van de progresistas y presumen de llevar en la península miles de años, es decir, de ser los más españoles de todos. Je, je. Ya sé que a muchos esto les fastidia, pero que se aguanten oye. Pepe Cuniario. Yo soy de un pueblo cerca de Lepe.

R-Sí. Bueno, yo he dicho gen carpeto-vetónico, pero llámalo celtíbero, lusitano, cántabro o simplemente marylin.

P-Y no será que los reyes no se contagian porque no son progresistas, o sea, hablando en plata, porque son de derechas. Porque, dime tú, después de más de tres siglos ya se les debía de haber pegado algo del sustrato, digo yo. Tiburcia Nuro. Yeida.

R-Lo de ser de derechas o de izquierdas ya no se dice. Ahora se dice populares y progresistas y con la sangre azul, la teoría de los contagios no se sabe cómo funciona. Desde luego es un asunto grave para la estabilidad nacional y no estaría de más una comisión de investigación o incluso una subsecretaría o un ministerio. Pero el gobierno no parece dispuesto a hacer nada en lo que respecta a estos temas tan importantes. Al final siempre tenemos que ser los españolitos de a pie, los que criamos nuestras gallinas y nuestros tomates, los que saquemos las castañas del fuego.

P-Coincido en lo del carácter cosmológico e inter dimensional del virus espiritual responsable de desdoblamiento. Pepa Tética. A Coruña.

R-¡Madre del Amor Hermoso!

P-Sí, claro. No te jo**s. No tenemos otra cosa que hacer que crear un ministerio para estas chorr***s. Y lo llamamos ¿cómo?: Ministerio de los Españoles y las Españolas. Salvador Aemon. Chirona.

R-Algo así estaba yo pensando. Ministerio de Todos y de Todas. Por cierto, espero que salga pronto del trullo, don Salvador.

P-A mí me parece que esto está burdamente manipulado por el tipo este de Villanueva del Carajal para que pensemos que esto es un tic del progresismo. Además sospecho que el video tiene cortes y la gente parece estar elegida aposta entre el pesoe, el peneuve y podemos. ¿Qué pasa, que los del pepé no dicen lo de «todos y todas» o qué? Pues algunos populares y algunas popularas también son progresistas, porque en la última jura de ministros yo he oído a algunaaaas, y no quiero decir nombres, que han «prometido». Además, no hay ningún pueblo en España que se llame Villanueva del Carajal. Andelmo Chuelo. Ourense.

R-¿Pepe? Eso son unos vaqueros, ¿no? Yo prefiero esos sin marca de los mercadillos de pueblo, muy azulones y el hijo muy naranjón. A Villanueva del Carajal, de cuya ubicación no puedo hablar mucho pues es secreto de Estado, todavía los traen. ¡Muchacho como aguantan las faenas del campo!

P-Yo creo que lo de Meloniano es un poco exagerado y no descarto que los papeles vaticanos esos, sean la obra de ficción de un seminarista arrepentido. Quizás todo el fenómeno del desdoblamiento de género en plural se deba a un rechazo inconsciente de los políticos progresistas españoles a ser identificados con Franco, que en sus discursos siempre decía: “Españoles esto, españoles lo otro, españoles lo de más allá…”. Y con Arias Navarro, que cuando finó el citado, salió con cara de recibo del agua y dijo aquello de: “Españoles, Franco ha muerto”. No dijo: “Españoles y españolas”, dijo solo: “Españoles”. Simplicio Suplicios. Uvieu.

R-¿Cómo que Franco ha muerto? ¡No me j***s!

P-Pero: ¿en qué mundo vivís en Villanueva del Carajal? Franco murió en 1975. Bueno. Yo quería decir que en Bienvenido Mister Marshall cantan: “Americanos, os recibimos con alegría…” No dicen “Americanos y americanas…”. Vaya tontada. Ese video está manipulado de coj***s. En mi casa no hay tele, pero a veces veo Juego de tronos en el plasma del bar y nunca he oído a ningún progresista, es decir a ningún Lannister decir: “Desembarqueños del rey y desembarqueñas de la reina…”, o a El Perro decir: “Os voy a matar a todos y a todas”. Es que no me creo que la cursilería alcance esas cotas en España. Obdulio Máximo. Yeida.

R-¿Juegos de monos? ¿De qué va eso? A ver si me la puede contar sin destrozarla, don Obdulio. De cine, aquí en Villanueva del Carajal no sabemos mucho. Pero el amigo de un primo del cuñao del boticario trabaja de guionista en Madrí con un famosísimo director español bastante progresista, cuyo nombre no citaré, a ver si lo sacáis por el argumento, y está escribiendo una peli protagonizada por un zombi travesti que, en un momento dado, le dice a una delegación de la OMS que investiga una pandemia de muertos vivientes: “os voy a comer a todos… y a todas”, con pausa dramática incluida. La cosa es muy seria. Por eso digo que el gobierno tendría que tomar cartas en el asunto cuanto antes.

P-Los Extremoduro tienen un disco que se titula: Iros todos a tomar por culo. ¿Habría que obligarles por ley a cambiar el título por: Iros todos y todas a tomar por culo? ¿Qué opina de esto el eminente destripaterrones-filólogo de Villanueva del Carajal? Santos Tonero. Chirona.

R-Ya he dicho que prefiero esperar a que Íker trate el tema en Cuarto Milenio y se pronuncie su mesa de expertos. ¡Cuanta gente me lee desde la cárcel!

P-Enhorabuena al autor de Puebla del Carajal por este descubrimiento filológico doble. Lo de la mata de habas es casi más importante que lo otro. A la paz de esta nueva lumbre, urge pedirle a la RAE nuevas versiones de refranes, coplillas y frases hechas de siempre. Por ejemplo: la española y el español cuando besan, es que besan de verdad; el español y la española son un tipo bajito y calvo y una tipa bajita y calva que siempre están cabreados y cabreadas. Queca Tedrática. Sisón.

R- No es Puebla, c**ño, es Villanueva. Y también: el español y la española piensan bien pero piensan tarde.

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