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La verdad sobre Halloween

La Vigila de Todos los Santos

Tenemos que remontarnos más de dos mil años atrás en el tiempo. El día 1 de noviembre se celebraba la fiesta de Samhain en las culturas celtas de Europa. Los celtas creían que en la víspera de esta fiesta, los muertos retornaban al mundo en forma de fantasmas errantes. Los vivos dejaban comida y regalos a las puertas de sus casas como ofrenda y para guardarse de las posibles malas intenciones de esos fantasmas. Además, los vivos se disfrazaban ellos mismos de fantasmas cuando salían de casa en esas fechas, para pasar desapercibidos entre la compaña de los supuestos espectros.

Parece que bajo el papado de Bonifacio IV (550-615 d.C.) se pusieron en marcha varias medidas de adaptación del paganismo al cristianismo. Entre estas medidas estuvo la consagración del Panteón de Agripa como iglesia, que Bonifacio dedicó a Santa María y a los mártires, pero que después de su muerte se extendió a todos los santos y se fijó en el día 1 de noviembre. Alrededor del siglo VIII, cuando se impuso el cristianismo en estas zonas de Europa, Samhain se incorporó al calendario cristiano como el día de todos los santos, All Saints o también All Hallows day. La víspera pasó a llamarse All Hallows Eve, que con el uso de los siglos se deformó y acortó a Halloween.

De la espiritualidad popular al consumismo

Las tradiciones de Truco o trato, Souling o Guising se originaron en la Inglaterra medieval. El día 2 de noviembre, los necesitados pedían unos llamados panes del ánima y a cambio ellos rezaban por las almas de los parientes muertos. A esto se le llamaba Souling. Los jóvenes se disfrazaban y recorrían las viviendas, a cuyas puertas recitaban poemas, cantaban canciones o contaban chistes, a cambio de regalos, comida, vino…De disfrazarse, disguise, devino Guising.

Durante el siglo XIX, ya en los Estados Unidos, los emigrantes irlandeses y escoceses recuperaron estas tradiciones. Apareció el truco o trato, más o menos en su forma actual, con trastadas o pequeñas gamberradas contra los hogares que se visitaban. En los años 1950 la fiesta tomó un cariz más familiar y se centró alrededor de los niños. El sistema de consumo y la publicidad vampirizó estos aspectos y de ahí nació toda una industria superflua de disfraces horrorosos y regalos inservibles.

Hoy Halloween se ha desprendido de cualquier aspecto espiritual y es un gran negocio que sólo en Estados Unidos factura 2.500.000.000$ en disfraces y regalos cada año. Si se añaden dulces y pasteles, la cantidad sube hasta los 6.000.000.000$, lo que la convierte en la segunda fiesta más comercial, por detrás de la Navidad.

Celebración del miedo, la sangre y la muerte

Halloween ha contribuido enormemente a la normalización y, como tan tontamente se dice hoy, a la visibilización de lo macabro y lo repugnante. Nadie en su sano juicio podía imaginarse hace solo unas décadas que las niñas de 10 años en 2017 jugarían con muñequitas vampiras y zombis, ni que los ceporros de sus padres ni las inconscientes de sus madres las disfrazarían de muertos vivientes y subirían las fotos a las redes sociales. Así está el patio. El 31 de octubre la sociedad occidental se entrega de manera tonta y descuidada a una celebración del miedo, la sangre y la muerte.

Los cultos elitistas satánicos, que son los que fomentan todos estos psicodramas entre las masas ocupadas y estresadas, tienen a Halloween como una de sus fiestas más importantes, tan importante como el 1 de mayo o más. Halloween resume muy bien las ideas principales que el satanismo elitista quiere imponer a las masas: miedo generalizado a no sobrevivir y abuso irracional de unos sobre otros como regla de la vida. Los que nos hemos criado ya a los pechos de la televisión hemos sufrido todo tipo de condicionamiento en este sentido: la familia Monster, el vampirito de Barrio Sésamo, el Thriller de Michael Jackson y toda la obra de Tim Burton están orientadas a incorporar a la infancia a la celebración satánica del miedo, la muerte y la sangre.

Bueno, bueno, diréis algunos: tampoco hay que exagerar. Halloween es una cosa pintoresca y consumista, hombre, pero nada más. Nada más…Apenas nada más.

Vale. Pero yo me quedo con la versión puramente cristiana de la cosa. Dejemos que el 31 de octubre siga siendo simplemente la Vigila de Todos los Santos, o sea el All Saints Eve que es lo que originalmente era, y que le den dos duros a la satánica y consumista Halloween.

Justorum animæ in manu Dei sunt, et non tanget illos tormentum malitiæ: visi sunt oculis insipientium mori; illi autem sunt in pace.

Comments

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    • Domingos y fiestas de guardar, aunque no es mi caso. Soy católico por cultura, pero mi norte moral lo marca la «ley natural», que también y tan bien expresó Cristo: ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Más allá de juzgar los repelentes disfraces de Halloween, que sí que los juzgo y rejuzgo como una asquerosidad, intento mover a reflexión sobre la componente de programación mental que, según mis modestas conclusiones, todo esto lleva incluida, programación que se ha ido incorporando gradualmente con los años, y que está dirigida a mantenernos a todos en un nivel de conciencia bajito: sangre, muerte, horror y miedo. Te dejo un enlace a mi video sobre los zombis que está relacionado con el tema del uso del terror a través del entretenimiento para rebajar la conciencia de la sociedad: https://youtu.be/8Wnyc621jA8

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