Material registrado:

    Safe Creative #1709190281730

    Suscríbete:

    Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

La Anunciación en el arte

El autor: Carlo Crivelli

Cuando miramos el tema de la Anunciación en el arte, nos encontramos con un clásico de la pintura que suele incorporar una extraordinaria riqueza simbólica tanto en el asunto principal del cuadro, formado por la escena entre la Virgen y el arcángel Gabriel, como en los temas adicionales o secundarios desarrollados a través del fondo, la decoración, la arquitectura y el resto de los personajes y detalles. Para ilustrarlo he elegido esta versión de Carlo Crivelli (1430?-1495), datada en 1486, época del Renacimiento en la que la profusión de símbolos y matices adicionales fue máxima. Aunque su vida no está muy bien documentada, se sabe que Crivelli nació en Venecia en el seno de una familia de artesanos. Se educó en Padua, Venecia y Dalmacia, donde una condena por adulterio en su juventud le costó algunos meses de presidio. De vuelta en Italia abrió su propio taller de pintura en Ancona, aunque recordó siempre su origen veneciano al firmar como: Carolus Crivellus Venetos (Opus Caroli Crivelli Veneti). Allí desarrolló su carrera pintando un gran número de Madonnas con niño, coronaciones, crucifixiones, piedades, santos y polípticos de diversa temática piadosa. Lo más destacable de la técnica de Crivelli es que pese al auge que el uso del oleo y la temática naturalista que imperaban en su época, él se mantuvo en las témperas y en la sensibilidad gótica de tipo urbano, con las típicas arquitecturas a este estilo asociadas que, con el toque renacentista de Crivelli, se vuelven sorprendentes.

Modificación urbanismo Anunciación de Crivelli
Ampliación de tres arcos en el opresivo espacio urbano original de la Anunciación de Crivelli

El tema: La anunciación de María

La Anunciación es uno de los momentos cumbre de la historia sagrada, omitido por los evangelistas Marcos y Juan, pero mencionado de refilón por Mateo, especialmente en lo referente a la interacción de Gabriel con José, y narrado con especial profusión por Lucas. El arcángel Gabriel, corresponsal al uso de todos los asuntos informativos celestiales (no en vano la etimología de ángel viene del griego «mensajero»), ha traído a María el mensaje clave del Nuevo Testamento: Dios ha decidido enviarse a sí mismo al mundo físico en forma de Tercera Persona de la Santísima Trinidad y se encarnará en un retoño que nacerá de María, la cual quedará encinta en breve tras una visita del Espíritu Santo, sin acto sexual de por medio.

Lucas 1.35: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios.»

El protoevangelio de María es más rico en imágenes sobre la personalidad de María y sobre este momento culminante de su vida consagrada a Dios. Así sabemos que su padre y su madre: «la dejaron de lado, pero el Señor la cuidaba, pues la joven hablaba con sus ángeles a diario». Cuando María tiene 14 años se produce la visita de Gabriel, descrita en estos términos: «Llenó la estancia de luz prodigiosa y la saludó cortésmente diciendo: salve, María, Virgen del Señor, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tu eres entre todas las mujeres y entre todos los hombres nacidos hasta ahora… No temas malas intenciones por mi parte. Concebirás sin pecado y darás a luz un hijo… El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra sin los acaloramientos de la lujuria».

Mi interpreación de la Anunciación de P.A. Pichon
Mi interpreación de la Anunciación de P.A. Pichon

Hay que decir que no es esta la primera vez en la historia religiosa (sagrada o profana) o civil (pagana) en la que se reivindica la concepción divina y el nacimiento de madre virgen: Mitra, Pitágoras, Escolapio, Perseo, Alejandro y en décadas posteriores catorce o quince de los emperadores romanos, Calígula y Neron incluidos, reclamaron este linaje divino que también se atribuía a los fundadores Rómulo y Remo (hijos de Marte). Pero Jesús es quizás el único mesías de la historia que puede presumir, no solo de madre virgen, sino también de abuela virgen, pues las escrituras apócrifas (Protoevangelio de Santiago) aclaran que la yaya Ana ya había concebido a María a través de este mismo método, con ángel anunciante incluido, que hay que suponer que sería también el inefable Gabriel. Esto por no mencionar el tema de Isabel, la prima de María de la que nace Juan el Bautista, también concebido por acto divino solo seis meses antes que Jesús, según nos informa Lucas 1.11 y por no hablar tampoco de Abraham y Sara, que otros que tal ya catorce generaciones antes, según puntualiza Mateo 1.17. En cualquier caso, la insistencia en la concepción sin acto sexual, no debe atribuirse en el tema particular de la anunciación, como se hace a menudo desde posturas marxistas, tanto a la supuesta fobia del cristianismo por el deleite carnal y a la visión del cuerpo como pozo del pecado, que existe, como a una exposición reiterada del ancestral linaje divino del que proviene Jesús.

Pero además de esta mayor antigüedad del linaje, hay algo radicalmente diferente en la encarnación divina que representa Jesús respecto a la que se auto atribuyeron aquellos botitas y enobarbos que solo buscaban el triunfo, la fama y el dominio del mundo. Lejos de estar destinado a la grandeza, el Creador ha planeado que su tránsito material por el valle de lágrimas en la forma del avatar llamado Jesús no sea muy distinto al del resto de sus criaturas humanas, y que tenga, además, una muerte cruel y humillante, si bien cargada de simbolismo y necesaria para el perdón de los pecados de la especie humana.

Arquitectura renacentista

Pero volviendo a la obra de Crivelli, hay que decir que fue encargada por el ayuntamiento de la ciudad de Ascoli Piceno, para celebrar la concesión de su autonomía respecto a los Estados Pontificios, autonomía que entró en vigor precisamente el día de la Anunciación. La perspectiva arquitectónica que antes dijimos que tenía reminiscencias góticas forma un marco inconfundible para cuadros de la anunciación de finales del siglo XV. Está ciertamente forzada en los laterales con un punto de fuga central que acentúa la conicidad, pero es una muestra clara del encanto y la fascinación de los artistas del momento por las recientemente descubiertas leyes de la perspectiva. Aún así, la vista aloja hasta cinco niveles de profundidad, en los que se desarrollan siete escenas distintas; eso sin contar que el mundo del cuadro incluye, nada más y nada menos que otro mundo en miniatura, en la maqueta de Ascoli que San Emidio porta en sus manos y que recuerda mucho al San Bernardino de Siena pintado en 1450 por Sano di Pietro; y sin contar tampoco, los abundantes motivos decorativos y simbólicos que se reparten por la composición, incluido el famosísimo ovni, del que hablaré después. El escudo de armas del papa, el del obispo y el de la propia ciudad están en la banda inferior del cuadro, junto a la leyenda Libertas Ecclesiastica, que hace referencia al evento de la autonomía antes citado.

Personajes: presentes y ausentes

A través del hueco vemos a María, piadosamente arrodillada, rezando o leyendo un texto ricamente escrito en tinta roja y negra, que es como la tradición la pinta en ese momento: ¿se trata del Viejo Testamento? ¿quizás lee el pasaje de Isaías donde se profetiza su milagroso embarazo?

Isaías 7.14: «Pues el Señor mismo os dará una señal: Mirad, la joven está encinta y da a luz un hijo, a quién pone el nombre de Enmanuel.»

El rayo divino que representa al Poder de Dios, atraviesa limpiamente un apropiado respiradero en la fachada e ilumina al Espíritu Santo que como palom@, está a punto de caer sobre María: ¿reminiscencias del episodio pagano de Zeus en forma de cisne cortejando a Leda? Los detalles del hogar revelan una vajilla, una jarra ¿con mermelada?, una botella ¿con aceite?, libros, quizás de devoción, un candil apagado, que puede ser la vida/luz que está por alumbrarse, cojines sobre la cama, símbolo de, ¡no sean mal pensados!, de maternidad. La cortina roja que deja ver la estancia representa la revelación que ya está ocurriendo. En la calle adyacente, destaca la belleza andrógina y algo fría del arcángel Gabriel, que parece estar batiendo sus alitas tricolor (Santísima Trinidad) mientras con la mano izquierda sujeta un lirio (pureza y virginidad) y con la derecha bendice, en el ademán que simboliza el dogma de fe cristiano: tres dedos se tocan representando la fe en la Trinidad y dos quedan libres señalando la fe atanasiana en la dualidad divino-humana de la naturaleza de Cristo. Lo acompaña el santo patrón de Ascoli Piceno y antiguo obispo de la ciudad en tiempos de Diocleciano, San Emidio, mártir cristiano por cuya benigna influencia se dice que Ascoli se libró de los efectos de un terremoto que afectó a toda la marca de Ancona en el siglo XII. En estas tres figuras predominan los colores anaranjado, rojo y verde, que representan respectivamente al Padre (el dorado del sol), al Hijo (la sangre de Cristo) y al Espíritu Santo: la Santísima Trinidad. Los terremotos en esta zona todavía son, por desgracia, noticia frecuente, incluso en nuestros días. En 2016 hemos visto derrumbarse casi por entero el pueblo de Amatrice, con decenas y decenas de muertos.

La expresión de María también es algo fría en el cuadro, lejos de la sorpresa que le atribuye el Evangelio de Lucas, que aclara que ya estaba «prometida a un hombre llamado José, de la estirpe de David», pero que aún «no tenía relaciones con ningún hombre», circunstancia que puede simbolizar su ademán de brazos en cruz sobre el pecho. Pese a esto, se adivina aceptación en María. ¿Cabe sospechar en la representación de esa leve indiferencia el pecado que a veces se le ha atribuido por dudar de la veracidad del mensaje cuando le dice a Gabriel «¿Y como puede ser esto si yo soy virgen?»? El gran ausente de las anunciaciones es siempre el buen José, que después de saber lo del embarazo y mientras aún estaba prometido a María, según nos cuenta Mateo 1.19 no sin cierta imprecisión temporal, parece que había decidido repudiar a su novia en secreto. Pero otra vez el Ángel del Señor, que podemos suponer que fue Gabriel, habló con él en sueños y al tiempo que aclara a los lectores que el intento de repudio de José ocurrió durante el embarazo: «el hijo que espera viene del Espíritu Santo», tranquiliza a José, que al despertar: «hizo lo que el ángel del Señor le había mandado: recibió a su esposa y, sin tener relaciones conyugales, ella dio a luz un hijo al que José puso por nombre Jesús». Por cierto, una cosa que nunca queda clara en el tema de la Anunciación, es si el acto de fecundación de María ocurrió mientras se encontraba de visita en casa de su prima Isabel o antes, o después. Mateo se limita a apuntar que María concibió por acción del Espíritu Santo «cuando ya estaba prometida a José, pero antes de vivir juntos». Lucas termina el relato de la Anunciación diciendo que el ángel la dejó y que después María visita a su prima Isabel y pasa tres meses con ella. Esto entra dentro de la lógica de ayuda a la prima parturienta que estaba ya de seis cuando María llega: seis más tres dan nueve cuando María se marcha después de un parto llevado a feliz término con el nacimiento de Juan el Bautista. Después hay que irnos ya al viaje de empadronamiento de José a Belén, y por tanto solo sabemos que, en efecto, José aceptó a una María ya embarazada.

Versión post moderna de la Anunciación de Crivelli
Me atreví con esta versión post moderna de la Anunciación en un espacio urbano más respirable, pero vibrante de actividad. El ovni tenía que ser un ovni.

El oficio de José: hacer casas en el extranjero

El cuadro de Crivelli, y las anunciaciones canónicas en general, representan, en ese sentido, una síntesis, pues colocan en la misma escena el anuncio de Gabriel y el acto de fecundación divina, lo cual implicaría que cuando María visita a Isabel, la concepción ya ha tenido lugar. El protoevangelio viene a aclarar este extremo cuando describe la visita de María a su prima Isabel y especifica que la joven tiene 14 años y ya está embarazada. Al mismo tiempo esto nos ayuda a entender la llamativa pero ortodoxa ausencia de José en todos los cuadros del tema, pues no aparece en escena, se entiende, hasta que el embarazo de María está ya bien avanzado, en concreto el protoevangelio especifica que María está de 6 meses cuando José, que vuelve de «hacer casas en el extranjero, que era su oficio», se apercibe de que «ha engordado» y quiere dejarla. Pero lo que en los Evangelios canónicos es moderación y discreción, en estas escrituras apócrifas se transforma casi en un culebrón. El escriba Annas nota también la tripa de María y denuncia a José por haberla desflorado antes de consumar matrimonio, por lo que la pareja es llevada a juicio y sometida a la prueba del Agua del Señor, de la que afortunadamente salen indemnes. Aquí aprendemos también que José ya tiene hijos propios cuando finalmente se casa con María y van todos a Belén, lugar de origen de José, a registrarse en el censo ordenado por Augusto. La Anunciación y la Visitación de María a Isabel son dos temas que suelen aparecer muy relacionados en la historia del arte y a ellos se añadieron poco a poco los temas apócrifos correspondientes al nacimiento y la niñez de la Virgen. Es típico encontrarlos en dípticos o en trípticos junto a la Natividad y otros temas sagrados y forman, por así decirlo, el núcleo duro de la imaginería cristiana del tiempo de Adviento.

Animales y objetos

Crivelli pinta muchas frutas y flores y algunos animales, costumbre de intención aparentemente decorativa en el nivel profano, tomada seguramente de su maestro Francesco Squarcione, dicen los entendidos, pero que incluye también una motivación simbólica en el nivel esotérico o iniciado. Sobre María, en la cornisa de la puerta, vemos un pavo real, que ya sabemos que era el ave del Paraíso y simboliza la vida eterna de la que gozarán madre e hijo. ¡Menos mal que no tiene desplegada la cola!, lo que en otros cuadros simboliza vanidad. Más arriba una paloma está posada en una caña, representando pureza, y a su izquierda, el jilguero enjaulado, con su roja cabeza, signo de la futura crucifixión del niño que se convertirá en Cristo. La manzana y el pepino en primer plano simbolizan, respectivamente, el pecado original, que se va a redimir por Cristo, y el jardín del Edén, aunque el pepino está llamativamente maduro, germinado, y podría interpretarse también como un símbolo de fertilidad, de la concepción, que está sucediendo delante de nuestros ojos; eso sí, concepción asexuada, por mucho que algunos quieran ver en esta hortaliza algo más que un pepino. Más palomas en la parte superior izquierda del cuadro, junto a un palomar, nos llevan a los aspectos mundanos del cuadro. He leído en un manual de pintura del Renacimiento que las leyes locales de Ascoli regulaban el consumo de palomas, una de las pocas carnes incluida en la dieta de las clases populares. Ese pueblo aparece profusamente retratado en escenas de la vida cotidiana. Hay una niña cuyo padre habla con dos frailes franciscanos, y es que Ancona era la cuna de los franciscanos espirituales, los fraticelli que propagaban las teorías apocalípticas de Joaquín de Fiore. Esa pequeña parece ser la única en todo el cuadro que se apercibe de la Anunciación (lo importante solo se ve con los ojos de la pureza). Hay un hombre con traje largo y bonete que camina pensativo mientras otro, con postura algo amanerada bajo la arcada, parece mirar al «ovni». Hay un erudito que está leyendo una nota sobre los arcos mientras el desagradable mensajero está en actitud escandalosamente venal. Es otra anunciación, también con otra jaula al lado, pero totalmente mundana. Al fondo, junto a las murallas de la ciudad, pasea una mujer noble con su vieja dama de compañía y charlan dos adultos; más al fondo aún está la naturaleza, el campo: el contrapunto a la vida urbana que ha enmarcado el momento sublime.

Detalle del ovni de la Anunciación de Crivelli
El ovni es un conjunto de nubes circulares, coronas de luz y cabezas de angelotes con sus alitas desplegadas.

El ovni

La plasmación gráfica de la divinidad que envía el rayo fecundador a María ha llevado a muchos amantes de las teorías de la conspiración a denunciar un ovni como un castillo en el cuadro de Crivelli. Pero la representación de Dios como un anciano iracundo de barba blanca es solo una de las tendencias de la tradición artística occidental a la que Crivelli no se acogió aquí, decantándose por la oriental, en la que Dios, que en este caso además no es el Dios Padre o Primera Persona, sino el Espíritu Santo fecundador o Segunda Persona, se suele asociar más a la aparición de algún tipo de un poder en el firmamento, normalmente una luz que surge desde detrás de las nubes, o desde detrás del triángulo del ojo de la providencia, ahora popular e inconscientemente conocido como «el ojo de los iluminatti». Hay muchas otras Anunciaciones de la época en las que todavía, detrás de la paloma o la luz, se aprecia la representación de Dios Padre como el anciano de la barba blanca, pero Crivelli optó por suprimirlo, adelantando una tendencia que iría consolidándose hasta llegar al Barroco, periodo en el que es cada vez más raro, aunque no imposible, encontrarnos al anciano Dios Padre, que se ha quedado ya en la mera luz celestial o en el triángulo equilátero (Trinidad) de Goya en el mural de la catedral de Zaragoza. En este caso, además, la cosa tiene poco aspecto de ovni, pues un simple zoom a una copia digital de calidad suficiente, revela las cabezas y las alitas de los angelotes entre las nubes. Claro que siempre se puede alegar que son alienígenas ancestrales que asoman la testa por el ojo de buey de la nave nodriza. Ya puestos en ese plan. La pintura de Crivelli es, en definitiva, una gran obra que ofrece una rica muestra de la simbología pictórica de su época y uno de los mejores ejemplos sobre el tema de la Anunciación.

Comments

So empty here ... leave a comment!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sidebar