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Heidegger y la existencia inauténtica

La pregunta por el SER

Martin Heidegger, por Eloy Caballero
Martin Heidegger, por Eloy Caballero

Con Ser y Tiempo, en 1927, Heidegger rompe con las filosofías idealistas que daban tanta importancia a la relación entre el sujeto y el objeto y se sumerge en una visión existencial del hombre, recuperando la temática del «ser» en su estado más profundo. No sé por qué hay algo, pero sé que hay algo: hay un SER que se está preguntando, no ya cognoscitivamente por los objetos que lo circundan, sino existencialmente por su mismo ser, que se ve como arrojado a ese mundo y no sabe por qué ni para qué. Leí Ser y tiempo para escribir un capítulo al respecto en mi propio libro La historia oculta del tiempo, pero me costó mucho entender el lenguaje farragoso de Heidegger. Para extraer las reflexiones que siguen me sirvió de mucha ayuda el visionado de varios capítulos del programa de televisión Filosofía aquí y ahora, de José Pablo Feinman.

Al hacerse estas preguntas trascendentales, el SER se encuentra sin respuestas. Todo lo que sabe es que está ahí y que el tiempo no para nunca. De esta forma el SER arrojado al mundo está siempre en un estado de proyección hacia las múltiples posibilidades futuras de su devenir. Pero hay una certeza final que engloba a todas estas posibilidades, que es la muerte. La muerte es la culminación de todas las posibilidades; es la certeza, aparentemente sombría, que cubre todo el existencialismo y amenaza con reducir a la nada toda la vida del SER, que fuera del ámbito de la fe, muere sin resolver las mismas incertidumbres trascendentales, básicamente ¿por qué estoy aquí?

Esquema sobre posibilidades del SER
El SER se proyecta hacia múltiples posibilidades futuras, pero la muerte las recoge a todas

Lo que nadie puede negar es que el SER es, por lo dicho antes, y aunque pueda ser otras cosas que no sabemos, el SER es, decía, un ser para la muerte. Pero esta certeza única de la muerte como posibilidad totalizadora de todas las demás intranquiliza al hombre, que tiene deseo innato de trascender y miedo a morir por instinto de supervivencia. Por eso el hombre huye de la pregunta existencial por el ser, que es interna, y se entrega a lo que a estos fines está ya determinado desde afuera por el resto de los hombres, por los otros.

La existencia inauténtica

El hombre hace lo que hace el resto, ve lo que ven los otros, habla de lo que hablan los otros. Este sumergirse en el sistema le permite diluir su SER en el anonimato de la masa de los otros. El hombre deja de ser uno-único y auténtico, para ser uno-más de la masa e inauténtico. Así evita la pregunta por el SER y olvida la certeza única. Cuando piensa en la muerte, el hombre la concibe ajena, algo que solo pasa al otro y que él solo contempla como espectáculo o pompa fúnebre.

Con esta estrategia, a la que Heidegger llama existencia inauténtica, el hombre no enfrenta la finitud del SER y se mueve en el anonimato de la masa, de los otros, del UNO. El hombre inauténtico se niega a aceptar la importancia de los misterios de la existencia, va detrás de lo establecido por otros, se convierte en la NADA, pero no por ausencia de dejar de ser, sino por disolución de su SER en el UNO. Este es el hombre sin conciencia en un mundo de cosas distractoras que el UNO ha construido para que el SER no tome conciencia de sí mismo y de su destino para la muerte. A través del olvido de la muerte, del empacho de cosas, el hombre inauténtico llega a vivir como si fuera inmortal y si el pensamiento alguna vez cruza su mente, él se responde con los parámetros aún-no y falta-mucho, que acumulados le llegan a parecer nunca. Pero cuando la muerte llega el falta-mucho se convierte súbitamente en ya, y el hombre inauténtico comprende que al haber estado diluido en el UNO y al haber hablado y actuado siempre sin voz propia, muere, a todos los efectos, sin haber vivido. Luego ni siquiera muere, pues ya era un muerto viviente.

Esquema sobre la distracción del SER
El hombre inauténtico distraído en el barullo de cosas del UNO concluye que la suma de aún-no’s da nunca, pero cuando llega el ¡ya! se pregunta si en realidad ha vivido

Los otros

Ese UNO que construye el mundo inauténtico en el que se sumerge el hombre es en realidad una pequeña parte de la masa a la que llamaré, en términos de José Pablo Feinman, los poderosos-otros. La denominación ya marca el carácter de esta parte: poseen el poder, pero más que el poder ejecutivo, especialmente el poder de sembrar las ideas que le dicen al hombre lo que ha de hacer para estar al abrigo del UNO frente a la terrorífica amenaza del SER preguntándose por sí mismo y enfrentando la certeza de su muerte. Para José Pablo Feinman está claro que en nuestro mundo actual los poderosos-otros son, o mejor dicho se materializan a través de los medios de masas, que son los que siembran los elementos de inautenticidad a través de tres estrategias.

  • Publicidad: Es un engaño al hombre que explota la característica evolutiva de la lucha por la supervivencia, que tiene lugar a nivel inconsciente. Los publicistas construyen «bellas mentiras» que activan los centros de superviencia del hombre y le hacen creer que el consumo mejora su posición a este respecto. Heidegger ya detestaba la publicidad y la veía como un trabajo en favor de la inautenticidad sin remedio posible, pues sus mensajes le dicen al hombre, sin rodeos: come esto, viste lo otro, ve allí, escucha esta música…
  • Avidez de novedad: Los poderosos-otros alimentan la avidez de novedad para que el hombre no se detenga a pensar en nada profundamente ni a reflexionar sobre nada. No hay periodos valle y las noticias y los temas se suceden con ritmo tan vertiginoso que crean una especie de adicción por la novedad. No hay nada más viejo que un periódico de ayer. La moda es un ejemplo claro de la avidez de novedad, pero ahora hay modas no solo en la ropa, sino en los libros, las películas, las series, incluso los comportamientos sociales. La avidez de novedad del UNO da a los poderosos-otros la ocasión de hacer ingeniería social en lapsos de tiempo cada vez más reducidos y pueden cambiar el punto de vista de la mayoría sobre ciertos comportamientos, introducir nuevas costumbres, modificar el panorama político, lanzar globos sonda. El UNO incluso aparenta hablar con voz propia cuando al pasear por una calle comercial muy transitada el reportero le pone una alcachofa delante de los labios, pero la realidad es que se limita a repetir las consignas que previamente le ha suministrado el poderoso-otro a través de los canales de comunicación de masas.
  • Temas de conversación: A través de su control de los medios de masas, los poderosos-otros imponen los temas de conversación al UNO. No olvidemos que hasta hace poco el hombre occidental dedica una media de varias horas al día a ver la televisión, lo cual sumado a las horas de trabajo, de desplazamiento, comidas y descanso, no le deja tiempo para casi nada más. El hombre no tiene posibilidad de hablar con voz propia, algo que el poderoso-otro busca, pues sabe que la voz propia, acertada o errada, siempre es auténtica, y por tanto con gran potencial subversivo puesto que puede introducir vectores sociales incontrolados. Por eso el poderoso-otro se cuida de nutrir al hombre constantemente de temas de conversación para que hable solo de lo que hay que hablar, de lo que se habla. Los noticiarios son hoy los mejores marcos de sugestión de temas de conversación al UNO. El hombre inauténtico se justifica con que lo que sale en los noticiarios es importante y hay que hablar de ello porque preocupa a la sociedad.
Esquema medios de masas y control del SER
A través de los medios de masas, los poderosos-otros ejercen el control sobre el UNO, que es básicamente control del tiempo, es decir, de la materia de la vida

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