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El alma nueva, recién encarnada

Imagen metafórica de la entrada del alma en el mundo
El alma nueva, recién encarnada entra en un mundo de matemáticas y electricidad

El alma nueva, recién encarnada, siente una aversión instintiva hacia el mal. Viene de la luz y aún no concibe esa oscuridad que, con todo el rango de penumbras intermedias, ha venido a experimentar. Los primeros pasos en la matriz material, en su cuerpo nuevo, le parecen todavía una prolongación del mundo absoluto del que viene. Pronto empieza a sentir la punzada del hambre, pero su dolor se calma y se llena de sentido cuando siente saciedad después de mamar por primera vez del pecho materno. Siente también el malestar de la enfermedad, que luego llena de sentido las etapas de salud. Se da cuenta del valor de la risa, cuando la contrapone con los ratos de llanto. Conforme va comprendiendo el mapa de los extremos, el alma nueva va tomando conciencia del marco matricial al que ha llegado y del cuerpo que ocupa mientras ya no recuerda ni cómo llegó ni de dónde viene. A ese periodo en el que el alma nueva todavía no ha comprendido del todo las peculiaridades de esta existencia física, y todavía conserva una chispa ya muy débil de lo absoluto, se le ha llamado a veces paraíso perdido o edad de la inocencia, una edad de la inocencia que termina con la toma de conciencia o uso de razón.

Si se tarda más o menos en tomar conciencia, o si en algunos, o en muchos casos, no se toma conciencia en toda la vida, poco importa, porque es «lo que hay». Lo que hay aquí, en la vida material, es experimentar comparativamente las posibilidades que ofrece la matriz física, ya sea conscientemente, o sea, sabiendo que estamos haciendo eso, experimentar, o inconscientemente, es decir, dejándonos llevar sin más, sin comprender que cada experiencia es una oportunidad para elegir, dentro de las posibilidades a nuestro alcance, entre las opciones graduadas de cualquiera de los aspectos: quiero ser bueno o malo, mucho o poco, quiero el calor o el frío, la luz o la oscuridad.

No sabemos científicamente por qué el alma decide entrar en la matriz, e incluso desde ciertos puntos de vista religiosos no se admitiría que esto sea una decisión que toma la propia alma con el fin de experimentar, sino que la toma el Creador para someterla a prueba y castigarla o premiarla después de acuerdo a su comportamiento en referencia a ciertas reglas establecidas de antemano por ese Juez-Creador. No hace falta explicar que esta aproximación está llena de problemas lógicos de todo tipo, que al final solo se solucionan admitiendo ciegamente el postulado religioso. Pero de esto, ya hablaré otro día.

En el modelo simulado, en el modelo del mundo como videojuego, ese tipo de decisiones se tomarían en el nivel del programador, que sería la equivalencia al Creador religioso. Si al final resulta que vivimos en un mundo simulado, yo sospecho que debe de haber ciertas experiencias que son demasiado arriesgadas, o que simplemente no se pueden ya experimentar en el nivel superior, y que por eso las almas eligen encarnarse y reencarnarse en forma de avatares para disfrutarlas en esta matriz.

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